Sin metas pero con objetivos, sigo disfrutando de las bicis y de otras actividades. Intento aprender continuamente para mejorar como persona, física y mentalmente. Este blog sigue siendo una especie de diario personal en cuanto a lo ciclístico, pero va siendo hora de ir añadiéndole algunas cosas más que también captan mi atención...

domingo, 12 de febrero de 2012

DESATADO


Lo que tenía que haber sido una simple salida para “cardiovasculear” un poco, y de paso alejar los fantasmas del frío, acabó siendo una ruta no apta para cardiacos, haciendo todos los senderos y trialeras que me fue posible.

Senderos de subida, de subida de pulsaciones. De esos en los que en cuestión de segundos pasas de estar tan fresco a estar intentando que el corazón no se te salga por la boca. Claro está, que donde ni la forma física ni la técnica llega, siempre queda la posibilidad de echar pie a tierra y dar un par de pasos que te solucionen la papeleta.

Recuperando las pulsaciones después de hacer un tramo de dura subida por un sendero


Eso sí, por un par de veces el amor propio pudo más y tuve que dar la vuelta para intentar superar esos pequeños obstáculos en forma de piedras mal puestas justo antes de un pequeño desnivel de subida.

Ayer el día era fantástico. Soleado y con un ligero viento. Frío hacía, pero no demasiado. Bueno, ya me preocupo yo de salir a horas en las que ya no haga tanto, ¡jajajaja!
Pero frío está haciendo, porque aún se ven algunos charcos helados.


Atención al grosor del hielo


Disfrutando mucho de los cortos pero variados senderos que hay por la zona del Fondo del Cau de la Guineu, fui haciendo la ruta según se me iba ocurriendo. Ahora paso por aquí, ahora me meto por allá, no di tregua a las piernas ni a los brazos, ni a las suspensiones y frenos de la bici.

Después de la puesta a punto que le hicieron la semana pasada era el momento de constatar que el dinero había sido bien gastado. Y la verdad es que la bici cumplió con creces su cometido. Ninguna pega al respecto.

Los que han salido alguna vez conmigo en bici saben que llevo pedales semiautomáticos, de esos que por un lado son como unos pedales normales y corrientes, y te permiten ir "desenganchado" en el momento en que te apetezca. 

Gracias a eso me meto por sitios por donde no me metería si tuviera que ir obligatoriamente enganchado. Perro viejo no aprende trucos nuevos, y yo, de alguna manera tengo que demostrar mi globería.

Ya hace un par de salidas que voy "desencalado" casi todo el tiempo, más que nada porque tengo la sensación de que así el tendón maldito me molesta menos. (La conclusión es obvia). Sólo calo los pedales para hacer alguna subida por asfalto, sobretodo si la quiero hacer de pie. 

Ayer seguí con esa tónica, y desde el primer momento fui suelto. Tan suelto iba que al final lo que iba era “desatado”.

desatado, da.  (Del part. de desatar).
1. adj. Que procede sin freno y desordenadamente.

Bueno, tampoco tanto…

desatar.
7. prnl. Perder el encogimiento, temor o extrañeza.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados

Más bien un poco eso.

Entre que últimamente me noto más seguro gracias al 2.2 que llevo delante; que aunque poca, algo de técnica he cogido desde que me compre esta bici hace ya casi tres años; y que ayer me notaba con cierto atrevimiento, lo cierto es que hice tres o cuatro bajadas de esas en las que si te lo piensas mucho no te metes.

En alguna sí que me lo pensé lo suficiente como para llegar a la conclusión de que era mejor poner el pie en el suelo y bajar unos metros andando. En una de esas ocasiones me llegué a pegar una culada, pues era tan resbaladiza la cuesta debido a la pendiente y piedrecillas que tenía, que incluso andando me la pegué. Caída tonta sin consecuencias.

Visité algún paraje que hacía tiempo no atendía como es debido, y estuve verificando la posible “ciclalidad” de alguno de sus tramos. Que no salgo con esa intención, pero luego entrado en materia siempre voy pensando en posibles rutas por las que deleitar a algún compañero en el futuro.

Lástima que este camino acaba en una larga torrentera imposible de ciclar

La Font de l'Era

Este bonito lugar fue el punto de avituallamiento de la ruta


Tuve algunos encuentros por la montaña. El primero, muy agradable, fue con una pareja de amigos, familia al completo, que estaban inculcándoles buenos valores y hábitos a sus ya no tan pequeños hijos (cómo pasa el tiempo). ¿No podrían ser todos los perros como el que tienen ellos? Tranquilo y por nada del mundo agresivo. Pero claro, tampoco todos los dueños son así…

El segundo encuentro fue con un par de cazadores, arma enfundada en mano, a los que me sorprendió desagradablemente ver. Lo siento, pero no me gustan.

Al cabo de un rato, tremendo, enorme jabalí, corriendo unos cuantos metros por delante mío, seguramente escapando del asedio de los cazadores anteriores. Ojalá lo consiguiera. Es muy raro encontrarse con un jabalí por ese camino y a esas horas, pero claro, le habían obligado.

El último encuentro fue con los restos dejados por algún cerdo, que de eso también hay.

¿Realmente se quedan "tan panchos" después de hacer algo así?


Resumiendo la jornada, una salida muy guapa, casi toda por senderos y trialeras, ciclando zonas que antes sólo había recorrido a pie, haciendo otras en sentido inverso al que suelo hacer, y regresando a casa muy satisfecho con mi rendimiento, tanto físico como técnico. Eso sí, teniendo muy claro cuáles son mis límites.


Arriba de todo, "mis límites", el resto, ¡desatado!


De vuelta a casa el hambre apretaba ya. Y no es que hiciera muchas horas ni me hubiera alimentado mal, sino que como toda la ruta fue un compendio de pequeños grandes esfuerzos, las energías se agotan más rápidamente. En cualquier caso, la duración del recorrido fue la justa y necesaria para disfrutar y no cascarme demasiado.

19 kilómetros. 2 horas y cuarto de pedaleo. 700 metros de ascenso acumulado. Suficiente


Me llevé la cámara de vídeo, que hacía tiempo que no la usaba. Pero esto de tener que ponerme ahora a editar y publicar vídeos, como que me da mucho palo. Bastante tengo con estarme una hora y pico viendo cómo han quedado.


Bruno

domingo, 5 de febrero de 2012

A PIE


Esta semana no he cogido la bici. Entre que las rodillas me pedían otro tipo de movimiento, que llevé la de montaña a revisión, y que a mediados de semana llegó el frío que tanto me gusta, los únicos pedales que he dado han sido en la de espinin, para calentar o relajar piernas un par de veces que he hecho un poco de musculación en casa.

Aparte de eso, una semana en la que sólo he salido a la montaña dos veces, y para caminar.


MARTES 31 DE ENERO. RAMA EN MANO

Según llegué de trabajar, y para aprovechar bien la tarde, me cogí un par de plátanos, me puse las bambas, y me fui a caminar un rato con la idea de hacer una hora y media o dos a un buen ritmo.

Aparqué el coche en la confluencia de las rieras de Can Planes y Rafamans, cogí una rama a modo de bastón de apoyo y empecé a caminar.

La primera parte la hice “del tirón”, en un recorrido típico de los que hacía hace años con la Pinarello: Cau de la Guineu, Pou dels Crestats, y Camí de Can Dispanya de subida hasta el Pla de les Comes.

Una vez allí arriba saqué la cámara y empecé a hacer fotos, con lo que estuve bastante rato simplemente disfrutando de las vistas e intentando plasmarlas en la cámara. Total, tampoco se trataba de hacer ninguna carrera, sino de salir a disfrutar de la montaña.

Panorámica desde el Pla de les Comes


"Al borde del abismo"

Hasta a las piedras les hice fotos



La vuelta la hice pasando por la “explanada de la N340” y bajando desde allí hacia el Cau de la Guineu, intentando hacer un camino de menor pendiente y menos roto que el que había hecho hasta entonces. Que lo que quería era no forzar los tendones, pero es que por ahí no hay casi nada plano.

Ya llegando al coche, y sólo por redondear el kilometraje recorrí la primera mitad del camino de Can Casildo, aprovechando para relajar un poco las piernas.

Fácil: subir y bajar


Finalmente, 10 kilómetros en un par de horas, con 300 metros de ascensión, y casi media hora de paradas. Una tarde bien aprovechada.



DOMINGO 5 DE FEBRERO. CAMINEVANDO

Aunque tenía la bici arreglada desde el viernes, no he tenido las ganas suficientes como para salir con ella. Entre el frío que me sirve de excusa, y que esta semana me ha estado molestando bastante “el tendón”, no he encontrado las ganas para cogerla.

Hoy, porque realmente me apetecía hacer algo de ejercicio, y además al aire libre, he vuelto a salir a caminar por la montaña.

Aunque hacía más frío que el otro día, la vestimenta ha sido la misma. Un par de camisetas interiores, maillot ciclista de manga larga (qué bien van los bolsillos traseros para llevar cosas), impermeable-chaqueta decatloniana, guantes, braga de invierno, pantalones de trabajo de verano viejos, doble calcetín y bambas de correr. Ah, y gorro de lana, por si acaso. Aunque parece lo contrario, no iba tan abrigado, que caminando no se pasa tanto frío como con la bici.

He empezado con la intención de hacer más o menos lo mismo que el martes, pero con menos paradas. Pero nada más empezar ya me he metido por un senderito de esos que hay siguiendo las torres eléctricas, y de ahí me he metido por otro, y otro…

Avanzando por un bonito sendero

Esto me suena

Antigua zona de cultivo en terrazas cerca de la Font de Sant Ponç


Algunos ya los había recorrido en otra ocasión, otros los he descubierto. Lo mejor es que todos son caminos que discurren por una zona que conozco bastante bien de ir con la bici, así que también me ha servido para ver cómo unos senderillos conectan entre sí caminos que he recorrido con la bici.

Quieras que no, eso te da una pequeña satisfacción extra, además del hecho de ir descubriendo algún caminillo nuevo, y algún bonito paraje.

Bonitos lugares donde perder el tiempo

Tramos ciclables

Otros, un poco menos


Esta vez he castigado más de la cuenta a las rodillas, pues me he dedicado a subir y bajar zonas bastante empinadas, con la consecuente exigencia a los tendones rotulianos sobretodo. Pero es que una vez que te pones, te emocionas y venga a subir por aquí, y a ver a dónde va a parar esto, y ya que estoy aquí me asomo a ver…

Zona de enlace entre dos caminos conocidos

Lástima que la bajada anterior (aquí sólo la parte final) no sea apta para amateurs

Algo de frío sí hacía. Atención a la capa de hielo a cuatro dedos de la tierra

Ya de vuelta


La nota anecdótica de la mañana ha sido que se ha puesto a nevar.
Al principio eran unos copitos muy finos, luego ya ha nevado con más ímpetu. Sólo han sido unos veinte minutos, pero ha tenido su gracia ir por ahí, sendereando bajo la ligera nevada.
Y qué bien me ha ido el gorro.

Unos cuantos copos para hacer la caminata más espectacular


No han sido muchos kilómetros, pero sí bastante desnivel.
He castigado más de la cuenta a las articulaciones, pero bueno, no voy a ir siempre con tanto cuidado.

7 kilómetros
400 metros de ascenso
1 hora y tres cuartos caminando
Hora y pico parado


Una duchita calentita al llegar a casa, y satisfecho por una caminata que he disfrutado mucho.


Así pues, una semana suave, con un par de salidas a pie por la montaña que me han servido para airearme un poco y disfrutar de estos lugares que tengo tan cerca de casa. Que sin ser una maravilla, sí que te permiten sentir esa agradable sensación de “vivir la naturaleza”.


Bruno

domingo, 29 de enero de 2012

DOMINGUERO


No es que me apasione hacer carretera un domingo, pero mis planes iniciales de hacer montaña con Javi y Joni tuve que dejarlos para mejor ocasión, pues “la gorda” tiene la llanta trasera bastante torcida y la suspensión delantera se hunde extrañamente. Y teniendo dos bicis…

Después de pensármelo nosécuántas veces acabé por decidirme y conseguí salir de casa a una hora prudencial… El cielo cada vez se estaba tapando más y se estaba levantando viento. Pero es que no me apetecía quedarme en casa a hacer “espinin”.

Sabiendo que no me iba a ser fácil, pero queriendo alargar ya un poco más las salidas con la flaca, he optado por hacer un recorrido ya conocido por la de montaña, pero no por su compañera la flacucha: Corbera – N-340 – Creu d’Ordal – El Pago – Els Casots – Sant Sadurní – Gelida – Creu Aregall – Corbera

Bien abrigado y estrenando guantes “guarretex” he empezado la ruta bajando hacia La Palma de Cervelló para coger la N-340. Una vez en la rotonda de la nacional empieza (con poca pendiente) la subida de 13 kilómetros hasta la Creu d’Ordal, o lo que es lo mismo, el antiguo Puerto del Ordal. Y es que ese último tramo que queda de la vieja carretera tiene un encanto incomparable con el soso paso por lo que es actualmente el Alto del Ordal.

Me he tomado la subida con calma, no como algún dominguero que parecía querer fastidiarme sólo por el hecho de ir yo en bici y él en coche, y después de 50 minutos de disfrute (porque realmente disfruto de subir) y de intentar convencer al tendón para que no me diera mucho la lata, he acabado llegando a La Creu d’Ordal. El tramo de la vieja carretera me ha costado, para qué mentir.

Ella nunca había estado aquí


Unas fotos, un platanito, una meadiña, una parada tonta para desvestirme, ponerme el pulsómetro en su sitio (lo llevaba casi en la cintura), y volver a vestirme, y después de arriesgarme a tener un pinchazo intentando bajar por la continuación de la carretera vieja, he acabado por dar la vuelta para coger otra vez el tramo “nuevo” de la nacional. Paso por el puerto (qué soso, de verdad que no tiene ningún encanto), y bajada rápida hacia el pueblo de Ordal.

La larga recta hacia el siguiente tramo de bajada, y en unos momentos ya he pasado El Pago y he cambiado de carretera en dirección a Els Casots. Ya aquí me he dado cuenta (acaso no lo sabía ya) de que me iba a costar más de lo deseable hacer la segunda mitad de la ruta. Si incluso bajando me notaba con las piernas poco fuertes. 
Pero bueno, hasta Gelida se hace bastante bien, aunque no vayas sobrado.

Más cómodo encima de la bici que en anteriores salidas, esta vez he podido disfrutar un poco más de ella, aunque aún me quedan muchísimos kilómetros por recorrer para poder decir que voy cómodo con ella. Si es que alguna vez podré decirlo. Eso sí, los bachecillos que me voy encontrando me parecen auténticos rompeespaldas. Ay, con lo bien que voy yo con mi suspensión y mis neumáticos tipo flotador en la bici de montaña…

En fin, que un rato después ya estaba en la rotonda de Gelida encarando la subida hacia La Creu Aregall. Esta vez (y tantas otras) me ha costado bastante. A ver, no es que haya ido superclavado, pero sí que iba más atrancado de lo que me habría gustado. Pero bueeeeno, no todos los días voy a subir como una exhalación, ¡jajajajaja!

Como una bala...


A mi ritmo trepidante he ido subiendo, disfrutando del sufrimiento, y pensando que, como no cambie mucho la cosa, voy a acabar teniendo que ponerme el plato pequeño de piñón grande, y el piñón grande de plato pequeño. ¡Jajajaja, qué yo soy de molinillo!

Vaaaa, que ya casi estamos...


Una vez arriba casi todo estaba hecho. Bajada hacia las afueras de Corbera, un par de repechos, y en casa. He llegado bastante bien, con las piernas menos cargadas de lo que me esperaba, pero es que realmente no he forzado en ningún momento.

57 kilómetros
2 horas 53 minutos
1180 metros de ascensión


Y he acabado muy contento y satisfecho. Por haber salido, porque he batido record de kilometraje con La Espe (tampoco era tan difícil), y porque he acabado disfrutando de una mañana mucho más agradable de lo que parecía en un principio, pues al final el sol me ha acompañado en más de la mitad del recorrido.

Veremos qué tal se me da la próxima vez.


Bruno

sábado, 28 de enero de 2012

ALTERNANDO


Esto de tener bici de montaña, bici de carretera, y bici de spinning, es positivo porque me da distintas opciones según las ganas que tenga o el día que haga. Que llueve o no tengo ganas de pasar frío, hago spinning. Que tengo ganas de hacer kilómetros por carretera, “la flaca”. Que me apetece pedalear entre árboles y respirar el aire húmedo de la montaña, “la gorda”.

A veces es un poco estresante, porque parece que tienes la obligación de “tocar todos los palos”, y claro, no siempre es posible. A veces, ni siquiera tienes ganas de bici. Pero cuando las tienes, ahí están ellas, esperando a que las montes…


MARTES 24. A LA HORA DE LOS COLEGIOS

Un mes y medio sin coger la flaca (no me acostumbro a esta jerga), y la pobre ya me miraba con cara de pena. Venga, vamos a dar un paseíto…

Por mucho que lo intento no hay manera de que consiga salir pronto. Esta vez a las cuatro de la tarde. Y a dónde voy a estas horas, pues a Martorell. Como no me apetecía hacer la subida a La Creu Aregall de vuelta, que es lo que hago siempre y seguramente sea lo mejor, se me ocurrió hacer el recorrido a la inversa, y así regresar a Corbera desde La Palma.

Cada vez que me subo a esa bici me noto incómodo, torpe e inseguro. Vamos, como para empezar con ganas. Bueno, supongo que algún día me acostumbraré, aunque sea sólo un poco. Eso sí, la potencia la tengo que cambiar por una más corta, que me noto demasiado estirado.

Subida tranquila a La Creu, sin forzar tendones ni corazón (casi consigo no llegar a 160 pulsaciones), y bajada aún más tranquila, que el suelo estaba húmedo y no quería tener un susto. Incluso me paré a hacer fotos.

Subiendo desde Corbera, acompañado por el sol y mi sombra

Iniciando la bajada a Gelida, de este lado ya no daba el sol

Panorámica llegando a Gelida


Suerte que a pesar del sol salí abrigado, que en las zonas de sombra no hacía nada de calor. Semillaneo hasta Martorell, y al llegar allí me topo con un tráfico terrible, y gente por todas partes: la hora de los colegios. A quién se le ocurre pasar por allí a esas horas. Caravana de coches, paradas en los semáforos, pasos de cebra, y yo intentando guardar el equilibrio. Bueno, pasé el examen sin demasiados apuros.

A partir de ahí menos tráfico, aunque cruzando Sant Andrés y Pallejà me tocó comerme varios semáforos, y moverme otra vez en pequeña caravana de coches. Un poco antes había tenido que parar a cambiar los cristales de las gafas, que el sol ya se había escondido y me iba a hacer falta ver con claridad.

La subida hasta Corbera la hice a un buen ritmo, sin forzar pero ligero, que aunque todavía era de día, ya estaba oscureciendo.

Bueno, al final 39 kilómetros en 2 horas, con 660 metros de ascenso. Lo mismo que tardo con la de montaña, aunque eso sí, con las pulsaciones bastante más bajas.

El tobogán


Me habría gustado hacer más kilómetros, pero poco a poco ya irán cayendo. Al menos le dio un poco el aire a “la flaca”.



JUEVES 26. SPINNING RIBEREÑO

Después de la mini ruta por carretera del martes me apetecía rodar más rato. Se me ocurrió la opción (que luego me pareció buenísima) de meter la bici de montaña en el coche, bajar hasta Pallejà, y allí meterme en el río y rodar por aquellos caminos. No quería hacer desnivel, y sobre todo, no me apetecía tener que volver a casa por la carretera a eso de las seis de la tarde, con tráfico y poca luz.

Como siempre, cuando me subí a la bici ya estaba casi anocheciendo, ¡jajajaja!, no sé cómo lo hago. Pero bueno, unos pocos kilómetros sí pude hacer.

Casi todo el camino que hice está en buenas condiciones. Bastante liso, permite rodar a buena velocidad sin machacarse mucho por baches o piedras (que alguna zona así te encuentras). Las pulsaciones siempre a niveles bastante bajos, casi como si estuviera haciendo estática o spinning en casa.

Nada más empezar, primeras fotos

Realizando un esfuerzo titánico...

El cielo estaba medio tapado


Lo mejor de la salida fue el descubrir la manera de entrar al río desde Pallejà, lo que me va a venir muy bien para otras ocasiones en las que quiera ir hasta allí en coche (muy fácil aparcamiento), o incluso, para cuando algún día sea capaz de conectar Corbera con el río sin meterme por la carretera.

Además, el camino que cogí llega casi hasta Martorell, exactamente hasta justo después de la subida del Congost, con lo que es una opción muy buena para luego conectar con los caminos que llevan a la Serra del Ataix, ya en las montañas de Martorell o Sant Andrés.

Panorámica desde El Congost. Qué paisaje más feo


De vuelta hacia Pallejà ya se me fue haciendo oscuro, pero como llevaba las luces no me importó. Incluso estuve “dando unas vueltas” por el polígono que hay a la entrada, buscando la manera de enlazar la zona de Cementos Molins, o la del cementerio de La Palma, con la entrada al río allí en Pallejà. Entre lo que vi y los mapas, a ver si puedo conseguirlo.

Pequeña central eléctrica en el polígono de Sant Francesc, en Sant Andrés


Luego ya en el pueblo, y antes de pararme en el coche, me dediqué a rodar por el carril bici que tienen en la calle que circunvala toda la población, y que tiene una longitud de 1 kilómetro. Perfecto para bajar los niveles de ácido láctico de las piernas antes de subirse al coche (aunque mis piernas mucho ácido no debían tener, ¡jajajajaja!).

Descargando piernas en el carril bici de Pallejà


El único incidente de la salida fue la caída de medio plátano desde mi mano izquierda hasta el camino de tierra por el que estaba rodando. Cualquiera se para a comerse el rebozado. Qué mal me supo, con lo bueno que estaba…

Al final, 30 kilómetros en casi dos horas, con 200 metros de ascensión.

Parece un electrocardiograma


Resumiendo, una salida corta pero muy productiva, pues me ha dado más opciones a la hora de salir a rodar, o de intentar hacer alguna ruta por varias poblaciones sin tener que tocar carretera. Y bueno, aunque poco, algo de ejercicio también hice.


Bruno

miércoles, 25 de enero de 2012

AL ROC DE L'ÀLIGA


Este domingo volví a coger la bici, y esta vez sí que completé el recorrido hasta el Roc de l’Àliga, en Pallejà. Si sólo son 13 kilómetros desde mi casa…

Un día soleado y templado (ojalá fuera así todo el invierno) que aproveché bastante bien, pues antes de salir con la bici aún tuve tiempo de hacer varias cosas en casa. Claro, saliendo a las doce y media, ¡jajajaja!

El recorrido dio para bastante, pues hice un poco de todo: pista forestal, caminos, senderos, semitrialeras, subidas duras (tirando de molinillo, claro), bajadas algo técnicas (qué bien van estos neumáticos), y disfrutando de unos parajes por los que no había estado antes, a pesar de haberme “movido” por ahí en otras épocas.

Al poco de salir de casa ya me encontré con un coche que iba “haciendo de guía” de cuatro perros grandes de razas distintas. Me acerqué con cuidado, mientras el dueño me decía “tranquil, que no fan res”. Bueno, por una vez era cierto. Los perros pasaron de mí totalmente.

En cambio, horas más tarde me encontraría con otro grupo de tres humanos y cuatro perros que no eran tan amistosos (los perros). Pero bueno, a parte de unos gruñidos y ladridos, y un empujón chulesco de uno de los perros, la cosa no fue a mayores. En fin.


La ruta que iba siguiendo parecía dar una vuelta tonta por unas calles de Pallejà, pero claro, es un track de una salida de senderismo y aprovechan para acercarse a fuentes donde poder aprovisionarse de agua.


La Font del carinyo, en Pallejà


De todas maneras me parecía raro que pasaran por allí, y es que aún había una sorpresa guardada. Ya me había avisado mi padre de que me encontraría una zona un poco complicada para ir con la bici, y al final apareció.

Un sendero en el que me tocó ir andando todo el tramo (y no era corto), y tener que subirme la bici a la espalda varias veces para poder superar desniveles importantes. Suerte que las zapatillas que llevo son todo terreno (una cosa buena de no ser “pofesional”).

Una parte muy guapa del recorrido

¿Cómo no vas a parar a hacer fotos?

Intentando hacer buenas fotos

Me estuve un buen rato en ese pequeño tramo


Eso sí, el sendero valía la pena hacerlo, ya que va siguiendo el curso de un arroyo que va formando pequeñas minicascadas (de un par de palmos) y remansos , en los que era casi imposible no pararse a hacer unas cuantas fotos de recuerdo. Uno de ellos el que conocen como “Lago Azul”, por el característico color del agua en esa zona del arroyo (¿cosa de algún tipo de alga o de microorganismo?).


El Lago Azul (bueno, más bien verde)

Me habrían ido bien unas botas de agua...

... o unas de escalada

Si es que no había un rincón feo

Podría haber dado por finalizada la salida


Al cabo de bastante rato se acabó el sendero y pude por fin ver la luz y subirme a la bici. Menos mal, porque tenía ya la espalda dolorida.


Cuando llegué a mi destino creo que había estado más tiempo parado que pedaleando. Es lo que pasa en estas salidas de investigación y descubrimiento, que no estás luchando contra el crono ni tampoco te estás entrenando para nada, simplemente estás disfrutando de la naturaleza haciendo uso de una bici para ello. Y claro, si hay que parar a hacer 162 fotos, pues se para, ¡jajajaja!

Panorámica desde el Roc de l'Àliga


Eso no quita para que también disfrute, y mucho, de la bici, y de mí mismo, que a los que nos gusta este rollo también sabemos apreciar esas sensaciones que te produce el estar machacándote subiendo una cuesta imposible, o pelearte con el manillar y los frenos intentando bajar por esa zona un poco complicada.

Ahora que de lo que no disfrutas es de esa sensación que tienes cuando oyes un ruido estrepitoso que viene de la transmisión de la bici, y crees que se te ha roto el basculante o algo parecido. Luego ves que “sólo” ha sido un pequeño palo que se ha cruzado en el cambio trasero y casi te lo parte en dos. Un radio roto es la única recompensa que pudo llevarse el maldito palito.

Pudo haber sido peor


De vuelta del “Roc”, que por cierto son unas peñas desde las que hay unas vistas tremendas (lástima que haya tanta civilización de por medio), hice uso de parte de un track que cogí prestado de cuando varios compañeros de trabajo hicieron una salida a ese mismo sitio. El gps me lió un poco (¿o me lié yo?) y tuve que rectificar un par de veces mi trayectoria, pero al final acabé encontrando el camino adecuado.

¿Eso es para enganchar la bici?

Habrá que seguir el cable...

Casi mejor me doy la vuelta

Menos mal que hay una alternativa para los menos valientes


Tengo que decir que si no fuera por el gps, seguro que en más de una salida habría tenido que patear, o ciclar, muchos más kilómetros de los necesarios. Y por supuesto, de cantidad de caminos que he ido descubriendo desde que lo tengo, ya ni me acordaría de por dónde están. En definitiva, gran invento los gepeeses.

De por esa zona venía

Para los que no llevan gps

Panorámica desde la Cantera del Turó Roig

"La antena" de Pallejà. Ya no me quise liar


Los últimos kilómetros hasta casa los hice por carretera, que de haberlos hecho por montaña seguramente se me habría hecho un poco oscuro, y no era plan. Así que tuve que echar mano de pulsaciones (media de 171 en 4 kilómetros), y tirar de cadencia para poder mover con soltura el “dosveinte” taqueado que llevo ahora delante.

Llegada a casa totalmente satisfecho, después de casi 5 horas de salida, aunque de ellas sólo 2 y 3/4 pedaleando, y tras haber recorrido 29 kilómetros con 830 metros de ascenso acumulado. Unos números algo más aceptables que los de la última vez.

Un perfil muy variado en todos los aspectos


Ahora sólo falta que siga saliendo algunas veces más por esa zona y pueda así completar una ruta más larga y divertida con la que poder deleitar a los compañeros en un futuro próximo. Lo que pasa es que el frío acabará llegando, y la bici de espinnnnnnnnning me mira con una carita…



B
runo