Sin metas pero con objetivos, sigo disfrutando de las bicis y de otras actividades. Intento aprender continuamente para mejorar como persona, física y mentalmente. Este blog sigue siendo una especie de diario personal en cuanto a lo ciclístico, pero va siendo hora de ir añadiéndole algunas cosas más que también captan mi atención...

martes, 29 de junio de 2010

OTRA PALIZA MÁS


Como va siendo habitual hace ya bastantes semanas, este sábado me pegué otra paliza más.
No parecen rutas exageradas, ni tampoco voy a un ritmo bestial, pero yo llego a casa reventado.

Quedé con Carlos para hace una ruta por “mi zona”. El punto de encuentro sería en la gasolinera del Polígono Industrial Les Fallulles, entre las Cavas Rondel y Cementos Molins.

Salí de casa a las ocho de la mañana, y bajé hasta la salida de Corbera, donde me metí por el camino que discurre entre la carretera y la riera Rafamans, para ir hasta La Palma. Así inspeccionaría esa zona, pues mi idea era que luego subiéramos por ahí.

El camino estaba bien, y los dos sitios por donde hay que cruzar la riera estaban en condiciones para hacerlo sin tener que mojarse.
Ya baja menos agua que hace unas semanas.

Llegué a la Font del Marge de La Palma, seguí adelante hasta la salida del pueblo, y en el puente crucé la carretera para seguir por el camino del cementerio, en dirección al polígono Les Fallulles.
Llegué a la gasolinera a la hora prevista , y tuve que esperar unos minutos hasta que apareció Carlos, que no traía buena cara precisamente. Venía ya muy sudado.

Al poco iniciamos la marcha, rehaciendo el camino que había traído yo. Al llegar a La Palma, en lugar de seguir hacia la Font del Marge, nos desviamos para subir por la cuesta que lleva a Can Llopard.
Una buena cuesta para ir calentando las piernas nunca viene mal, aunque a Carlos no le pareció tan buena para su tendón.

Pasamos Can Llopard y seguimos subiendo para ir en dirección a Can Via, a donde llegamos después de una bajada muy pronunciada.
En Can Vía decidí que investigáramos un camino de subida que “tenía visto” hacía tiempo, y que gracias al Wikiloc sabía a donde iba a parar. Lo que no sabía era en qué condiciones estaría.

Así que empezamos a subir. Enseguida vimos que era un camino de gran pendiente, y que nos íbamos a pegar un buen tute haciéndolo. Yo puse rápidamente todo el desarrollo, y poco a poco fuímos subiendo hasta que llegamos a una zona de regueros, con piedra y arena suelta que nos hizo bajarnos de la bici y caminar unos cuantos metros.

Justo antes de empezar esta zona había allí en medio del camino (¡!) un hombre sentado en una silla de senderista, que nos comentó que un poco más adelante se allanaba el camino. Así que después de andar unos cuantos metros nos volvimos a subir a la bici y continuamos hacia arriba, esperando encontrar esa zona llana que nos había dicho aquel hombre.

Bueno, finalmente sí que se acabó la subida y llegamos a una parte llana, la “Plana de l’Aristot”, donde paramos un momento a que Carlos quitara un manojo de hierbas que se le habían enredado en el cambio trasero. Seguimos adelante y enseguida entramos en la urbanización Can Paulet, por una calle que yo recordaba de cuando hace muchísimos  años hicieron en Corbera una marcha de Btt (no sé si la única que han hecho), y estuve haciendo de apoyo logístico de mi hermano, que participó.

Hicimos unos cientos de metros por una calle que va a parar a la carretera de Can Rafel, y llegamos al hotel del mismo nombre.
Lo pasamos de largo para bajar en dirección a la Font de Can Rafel, donde nos volvimos a adentrar en montaña, bajando por la trialera que lleva al camino de Can Casildo. Más quejas de Carlos, esta vez porque no iba muy bien de frenos. Siempre de buen rollo, eso sí.

Una vez abajo de la trialera, tomamos el camino en dirección a Can Casildo, pues mi intención era hacer la misma ruta que había hecho yo el miércoles. Así, los 50km de esa ruta, sumados a los 25 de subida a Corbera, y 25 de bajada a Bellvitge, harían que a Carlos le saliera un recorrido de unos 100 kilómetros, que me parecía a mí que le iban a estar bien, pues lleva días diciendo que no está muy bien físicamente, y además tampoco tenía mucho tiempo y quería llegar a casa antes de las dos de la tarde.

Sin embargo, los comentarios que me estaba haciendo al respecto de que llevábamos pocos kilómetros hechos para el tiempo que había transcurrido, que él necesitaba entrenarse haciendo kilómetros y no subiendo cuestas imposibles y bajando por caminos en mal estado (¡jajajá, qué cruz!), unido al hecho de que siendo sábado nos íbamos a encontrar gente en el camino de los “juegos de guerra” (en el hotel de Can Rafel vimos a dos tíos totalmente disfrazados de Rambo) y no quería tener ningún encontronazo ni discusión con ellos, me hizo cambiar la ruta prevista y optar por hacer un itinerario alternativo que transcurriera casi totalmente por pista forestal, y que nos permitiera llevar un ritmo más o menos constante y elevado, eso sí, buscando hacer el mayor desnivel de ascensión posible.

De tal manera que al llegar a las inmediaciones de Can Casildo nos dimos la vuelta y  bajamos por el mismo camino, ahora conmigo delante, a varios metros de distancia de Carlos, y llevando un ritmo más alto que el que tenía pensado llevar. Vale, había poco tiempo y teníamos que aprovecharlo. Pues a saco. De todos modos, por rápido que yo fuera, él me iba a poder seguir sin ningún problema.

Así, al acabar el camino de Can Casildo tomamos el del Cau de La Guineu y fuímos hasta la esplanada de al lado de la carretera N-340, a la que, por supuesto, Carlos llegó por delante mío.

Una vez en la esplanada seguimos por el camino que va hacia la masía de Can Cases, otra vez conmigo delante marcando un buen ritmo, para llegar al Coll de Verdeguer y dar mi típico rodeo por la Penya d’en Rovira, volviendo al Coll de Verdeguer y bajando entonces hasta la Font de Sant Ponç, que pasamos de largo para llegar otra vez al camino del Cau de La Guineu.

Bajamos un trozo del camino para desviarnos hacia el cruce del Pou dels Crestats y tomar el Camí de Can Dispanya en dirección a la nacional. Este camino empieza siendo un falso llano, y acaba siendo una cuesta de fuerte pendiente, en la que Carlos me volvío a adelantar, pues yo lo subí casi todo con el plato pequeño, mientras que él supongo que lo subió con el mediano. Aunque no está en su mejor forma física, tiene mucha más fuerza que yo.

Una vez arriba del camino, fuímos hasta la nacional y bajamos un par de cientos de metros por ella hasta adentrarnos en el camino del Bosc de la Pinetella, que después del tramo de dos subidas de gran pendiente (Carlos me vuelve a pasar como si nada) rodea los cultivos del Mas Vell del Lledoner, y acaba llegando otra vez a la carretera.

Para no hacer el corto tramo que va paralelo a la carretera, que es muy pedregoso y en el que es fácil tener un traspiés (según se lo explicaba, estando casi parado, un poco más y me caigo al suelo), subimos unos cuantos metros por carretera hasta el Pont del Lledoner, donde volvimos a meternos en la montaña por el camino que lleva hacia el Puig Bernat.

Buena cuesta nada más empezar, que exige poner casi todo el desarrollo (o todo), con Carlos ya por delante, a la que le siguen un par de repechos más hasta el “primer Puig Bernat”, y bajada hasta las instalaciones de Aigües de Vallirana que hay antes de empezar la subida al Puig de l’Osca.

Al llegar a estas instalaciones, en lugar de seguir el camino hacia la “bola de Vallirana” (ya lo hice un par de semanas atrás y es necesario patear durante un buen rato), nos metimos en la urbanización El Lledoner, para ir a salir a la carretera a la altura de la gasolinera que hay enfrente de la urbanización.

Allí hicimos una paradita para comprar agua y Aquarius, que con el calor que estaba haciendo los bidones y los camelbacks se vaciaban rápidamente.

Después de unos minutos refrescándonos a la sombra, seguimos por la vieja carretera para subir al antiguo puerto del Ordal, el Coll de La Creu d’Ordal. Siempre conmigo intentando marcar el ritmo, continuamos nuestro camino en dirección al Puig d’Agulles haciendo el camino que pasa por las canteras.

Con Carlos siempre delante subiendo los tres repechos que hay camino del Puig, una vez llegamos allí le comenté que no “valía la pena” que subiéramos hasta la bola, y que lo que podíamos hacer era bajar hasta Gelida por Can Oller de la Montanya y luego subir por la Font Freda.

De tal manera que bajamos el Puig d’Agulles y subimos hasta la urbanización Safari. Pero una vez allí, como a Carlos se le hacía tarde, en lugar de bajar a Gelida decidí que lo mejor era bajar hacia Corbera por la carretera y luego subir a La Creu Aregall por el camino que discurre paralelo a ésta.

Así que bajamos por carretera hasta Els Herbatges, y subimos luego por ese camino, que Carlos no conocía. A media subida, una paradita en un punto difícil del camino en el que siempre tengo que echar el pie al suelo, y que sirve para pegar un vistazo desde un “mirador” que hay allí, y hacer unas fotillos.

Aunque no se aprecia, hay una caída en vertical que da miedo. Si caes, no te encuentran

Vaya dos "petaos"


Cómo habríamos ido de “concentrados” en el entrenamiento, que aún no habíamos hecho ninguna foto, y eso que llevábamos más de cuatro horas de ruta.
Carlos diría luego que yo me había cabreado allí por la zona de Can Casildo, y que por eso me había puesto a tirar como loco. La verdad es que no me había cabreado, ni mucho menos, pero sí que pensé “¿no quiere entrenamiento?, pues vamos a entrenar”. Así que hicimos unas dos horas y media a un ritmo realmente elevado para lo que yo habría hecho en otras circunstancias. Como suelo decir, para él es casi ir de paseo.

Después de las fotos continuamos hacia la urbanización, otra vez conmigo marcando el ritmo (que para eso era yo el que se conocía el camino), y una vez llegamos, ya que estábamos allí decidimos ir hasta La Creu de l’Aregall, donde volvimos a hacer otra paradita.

Una perspectiva diferente de La Creu de L'Aregall

Buscando las sombras del camino


Después fuímos hacia el puerto de La Creu, donde nos despedimos, pues Carlos tenía obligaciones familiares que atender. El bajaría por carretera hasta Corbera, y de ahí seguiría hasta su casa, en Bellvitge.

Para mi modo de ver hicimos una ruta muy buena, a un ritmo lento en su primera parte debido a los tremendos cuestones que había, y a un ritmo rápido en su segunda mitad, en la que recorrimos pistas forestales con no tanta pendiente, aunque algunas cuestas empinadas sí hicimos. Yo quedé satisfecho con la ruta que le hice. Lástima de no haber tenido más tiempo para enseñarle más caminos.

Bueno, una vez que nos despedimos decidí que yo que podía tenía que hacer por lo menos un par de horas más, así que lo primero que hice fue bajar por la carretera hasta Gelida, con la intención de subir otra vez al Puig d’Agulles, por el camino de la Font Freda.

Bajé dando pedales para que no se me durmieran las piernas, y luego ya en Gelida, empecé la subida con un ritmo no muy bueno, pero que esperaba pudiera aumentar según avanzara. En la Font Freda paré a rellenar el bidón y el camelback, que lo iba a necesitar, pues era la una y media del mediodía y el calor apretaba bastante.

Qué a gusto se estaba allí parado


Cuando reinicié mi marcha lo hice con la idea de subir usando siempre que pudiera el plato mediano, por aquello de ganar algo de fuerza. Por suerte no iba tan petado como para no poder con esos desarrollos, así que fui tirando para arriba poniendo en algunos tramos el plato pequeño.

Una vez llegué a la falda del Puig d’Agulles seguí hacia su cima, a un ritmo bajo como suele ser costumbre, con la idea de guardar fuerzas de cara a un posible alargamiento de la ruta.

Cuando llegué a la bola (los últimos metros me costaron bastante) pensé que lo mejor era quedarme allí un rato, descansando las piernas, que las llevaba bastante cargadas debido al trote de horas antes, hidratándome bien, comiendo algo para quitarme esa sensación de vacío que tenía en el estómago, y reponiendo fuerzas mientras me refrescaba a la sombra del caseto de los forestales.

Cualquiera se levanta luego


Después de un ratillo allí arriba me volví a subir a la bici, ahora con la mente puesta en ir hasta Ordal (el pueblo), donde me comería un croissant y quién sabe si algo más.

De la bola fui a la Creu d’Ordal por el camino de las canteras, sufriendo bastante en la única cuesta empinada que hay (suerte que es cortísima), y de allí bajé al pueblo por el camino que va paralelo a la nacional, y que tiene unos últimos tramos muy pedregosos en los que hay que ir con cuidado de no pegar un llantazo o pinchar un neumático.

Al llegar al pueblo, me fui directo a la panadería que suelo “frecuentar”, y me comí un croissant de jamón y queso acompañado por un Cacaolat fresquito que me sentaron de maravilla. Allí sentado, a la sombra, y recibiendo una pequeña brisa fresquita, te venían ganas de quedarte un par de horas.

Después de rellenar con agua fría el bidón y el camelback (cada vez que relleno, la mezcla isotónica pierde concentración, pero es que según pasan las horas cada vez apetece menos beber líquido dulce) reemprendí mi calvario particular, ahora en dirección al Puig d’Agulles (¡otra vez, sí!), pero esta vez por el camino de Mas Granada.

Cuál fue mi sorpresa cuando al poco de iniciar el camino me encuentro con que han pasado una máquina que lo ha ensanchado y rellenado de tierra (como han hecho con el de Can Oller de la Montanya).Hay por allí un cartel que anuncia que lo van a asfaltar. Esperemos que no lo asfalten todo entero, y por lo menos la última parte, la que da al Puig d’Agulles, la dejen intacta.

Bueno, el camino era dificilísimo de hacer pedaleando, pues las ruedas se hundían mucho en la tierra, y en algunos momentos costaba mantener el equilibrio, por culpa también de la gran cantidad de piedras sueltas que había. Suerte que no tiene mucha pendiente, y haciendo algo de fuerza se podía avanzar, eso sí, con cuidado de no caerse, algo que estuvo a punto de pasarme un par de veces.

Llegué al Puig d’Agulles (este camino va a parar a media subida) y acabé de subir hasta la curva de antes de la zona de gran pendiente, que no tenía ninguna intención de subir otra vez hasta la bola.
No estaba yo sobrado de fuerzas como para hacer eso.

Así que una vez “casi arriba” me di la vuelta y empecé a bajar, con la idea de tirar hacia Can Armengol para luego hacer una parte de la ruta que había hecho con Carlos por la mañana. Pero según estaba bajando, al llegar al desvío que lleva al Forrellac y al Montcau, se me metió en la cabeza hacerme la subidita al Montcau, que ya la había hecho una vez hacía varias semanas, y me pareció una buena manera de completar la ruta.

Empecé el camino tranquilamente, sin forzar, pero al poco veo que aquí también han pasado una máquina ensanchando el camino y rellenándolo de tierra. Parece que están “arreglando” (por decirlo de alguna manera) todos los caminos de estas montañas. Consecuentemente, el camino estaba en peores condiciones que la otra vez que lo recorrí. Antes era un camino difícil debido a la pendiente que tenía y a lo roto que era el terreno, con muchas piedras sueltas, y varios tramos en los que se perdía tracción.

¡Pero es que ahora era más difícil!. Bastante grosor de tierra que hacía hundirse a las ruedas, piedras de todos los tamaños sobresaliendo del suelo, pequeños trozos de ramas y de raíces con los que había que tener cuidado...
Vamos, que lo más difícil era mantener el equilibrio mientras intentabas superar la buena pendiente que tiene. En varios momentos tuve que sacar el pie por pérdida de tracción y caminar un poco, aunque normalmente volvía a subirme a la bici sin tener que andar más que unos pocos metros.

Quizás con un desarrollo más largo me habría sido más fácil superar esas zonas, pero iba muy mal de fuerzas y tenía que llevar el plato pequeño y jugar con los tres primeros piñones. Además, no recordaba lo largo que era el camino, así que yo iba subiendo y subiendo, con mi molinillo, y aquello nunca se acababa. Pero, ¿tan largo era? Un pequeño tramo llano, una bajada, y otra vez a subir.
El camino, fatal. Mis fuerzas, muy justas. Pero bueno, ahí estaba, intentando llegar a la cima.

Después de unos cuantos minutos y bastante esfuerzo acabé por llegar a mi destino. Menos mal, porque en algún momento incluso pensé en darme la vuelta. Pero bueno, había llegado. Un pequeño descanso, un par de fotos...

Una pequeña victoria

Una cima un poco extraña


Ahora tocaba volver. Otra vez el maldito camino. Sí, ahora de bajada, pero con cuidado. Y claro, si antes había hecho una bajada, ahora tocaría hacer una subida. Suerte que era más corta de lo que parecía y la pude pasar bastante bien.

El caminito, con el Forrellac a la izquierda, y el Puig d'Agulles en el centro


Ya por fin llegué otra vez al camino del Puig d’Agulles. Ahora sí, tocaba bajar hasta la falda de la montaña para seguir por la trialera que baja hasta Can Armengol.

Desde allí, por la carretera de L’Amunt en dirección a Can Rigol, y siempre por asfalto, bajada hasta el inicio del camino de Can Casildo.
Aquí empezaba la repetición de una parte de la ruta hecha con Carlos.

Por supuesto siempre a un ritmo inferior al que había llevado horas antes, fui hasta Can Casildo, bajé al punto de inicio, seguí por el Cau de La Guineu hasta la esplanada de la N-340, pasé por el Coll de Verdeguer, hice el rodeo por la Penya d’en Rovira, y acabé llegando a la Font de Sant Ponç, en la que descubrí un cartel que dice Font del Lledoner. Bueno, la seguiremos llamando de Sant Ponç.

En la Font de Sant Ponç, con ganas ya de volver para casa


El último gel que me quedaba, una barrita que casi es una golosina, unas fotos, saludar a un par de caminantes, y seguir adelante, ahora otra vez por el camino del Cau de la Guineu para llegar al cruce del Pou dels Crestats y subir por el Camí de Can Dispanya hasta la N-340. Y es que quería "redondear" la salida.

Esta subidita me costó bastante, y es que ya llevaba muchas horas encima de la bici y el recorrido estaba siendo realmente agotador.

Una vez arriba, bajé otra vez por el camino del Cau de la Guineu, seguí hacia El Pou dels Crestats, y ahora ya hacia Sant Ponç (tramo que me costó mucho y tuve que poner el platillo), pasando por L’Amunt ya en dirección a Corbera.

Cuando llegué a casa estaba realmente petado. La primera parte de la ruta, la hecha con Carlos, había sido de unos 50 kilómetros en cinco horas, y supongo que me quitó muchas de las pocas fuerzas que tengo. Así que haber continuado otras cinco horas y 50 kilómetros más, me dejó realmente hecho polvo.

Pero bueno, ya estaba en casa, y ya sólo faltaba comer bien para recuperar lo perdido, y descansar todo lo posible las piernas, que estaban muy, muy cascadas.

La verdad es que la ruta me parece que fue muy completita, con subidas de grandes pendientes, unas largas, otras más cortas, tramos de rodaje rápido por pista de pendiente moderada, algunos senderos, un par de trialeras, en fin, que creo que me lo curré bastante, y que me pegué una buena paliza, aunque no está bien que lo diga yo.

Este perfil me crujió bastante


Fueron 105 kilómetros de recorrido, con 3000 metros de ascensión, en 10 horas y cuarto de ruta, para un total de 8 horas de pedaleo.
Sí, son dos horas y cuarto de paradas, pero es que si no, no creo que hubiera aguantado tanto.

Aunque me noto muy cansado después de una ruta así, creo que no llevo mal el entrenamiento de cara a la tremenda prueba que tengo que hacer de aquí a dos semanas.
La VipXtrem de Tarragona será muy dura, por su recorrido, y porque seguro que hará un calor terrible.

Ya veremos cómo se me da. Aún me queda un sábado para acabar de “afinarme”.


Bruno

jueves, 24 de junio de 2010

SALIDA TARDÍA


Ayer era un día perfecto para salir con la bici, ya que por la tarde no tenía que ir a trabajar. Tengo “fiesta” hasta el lunes. Aún así, tampoco quería pegarme la gran paliza, que si no el sábado estaré demasiado cansado. El plan era levantarme cuando me apeteciera, y hacer una salida de 3, 4 ó 5 horas. Según las ganas que tuviera.

De lo que no se trataba era de hacer lo que hice por la mañana. Levantarme, desayunar, y quedarme catatónico en el sofá viendo la tele. Es de esas veces que intento justificarme pensando que el cuerpo “me lo pide”.

Como tenía claro que de no hacer nada iba a estar hasta el sábado arrepintiéndome de no haber salido, al final fui capaz de reunir las ganas necesarias y acabé saliendo de casa a las tres de la tarde. Más vale tarde que nunca. Como en otras ocasiones, prefiero salir tarde pero convencido y con ganas, que salir pronto y sin tenerlas todas conmigo.

Un yogur con un plátano, más tarde un par de barritas, y salí de casa con las ganas necesarias para hacer una salidita por los alrededores de Corbera. Cuando estaba a punto de salir tuve la suerte de darme cuenta de que llevaba los tornillos de la cala de una de las zapatillas casi totalmente sueltos. Menos mal, porque si se me caen por la montaña, ya no los encuentro.

El día no parecía muy caluroso, y algunas nubes había en el cielo.
Por si acaso, me llevé el chubasquero, que me serviría tanto en caso de lluvia como en caso de tener frío a últimas horas de la tarde.

Salí por la carretera hacia Corbera Baja, para seguir en dirección al Cau de la Guineu, como hago últimamente. Ya antes de salir del pueblo tuve la sensación de que mis piernas no estaban al 100% de sus capacidades pedaleadoras.

Justo abandonar el asfalto, en lugar de tomar el camino del Cau de la Guineu, me desvié por el que lleva a la masía de Can Casildo.
Hacía ya días que no pasaba por allí, y me apetecía recorrerlo para ver en qué condiciones estaba, y también para iniciar la ruta de manera diferente a las últimas veces.

Una vez casi en la entrada de la masía, como siempre hago, abandono el camino tipo pista y me meto a la derecha por el sendero que acaba llegando a esa parcela que está a medio urbanizar y que no sé cómo nombrar. En este tramo sigue habiendo un par de árboles caídos que nadie se va a molestar en quitar, y que me hacen tener que bajar un par de veces de la bici.

Desde aquí sigo dirección al hotel de Can Rafel por el camino que rodea a la masía. Justo al pasar al lado ésta, un par de árboles más que me hacen “atajar” unos metros campo a través. Todos estos árboles que me he ido encontrando van a seguir bastante tiempo ahí caídos, pues el dueño de esas tierras no tiene mayor interés en quitarlos, ya que así “molestan” a posibles quads y motos que quieran pasar por allí, y que entre otras cosas, lo que hacen es asustar a las cabras y ovejas que tiene el hombre.

Sigo adelante, y después de cruzar las dos puertas que instaló hace poco y que suele tener abiertas, llego al desvío hacia el hotel o hacia el “territorio de los juegos de guerra”, por el que no paso desde aquel día en el que tuve que saltarme tres cadenas que cortaban el camino.

Mi idea inicial era ir hasta el hotel y luego bajar por la trialera que va desde la Font de Can Rafel hasta el principio del camino de la masía, allí donde dejé el asfalto. Pero una vez en el desvío, viendo que no estaba puesta la cadena, pensé “qué coño, voy a probar”.

Así que seguí por ese camino, que pasa “por debajo” del Puig Montmany, a donde no subo nunca porque el camino que hay para llegar a la cima es una trialera que habría que hacer andando, y cuando paso por allí ni siquiera me lo planteo.

Además, este camino es el que lleva a la Font de Sant Ponç, y es un recorrido que, desde que me lo enseño mi primo Víctor, siempre me ha gustado hacer. Este camino sí que tiene cortados los árboles que habían caído (supongo que los dueños se han preocupado), y además han echado tierra de relleno en algunos tramos. Como siempre, lo roto del camino hace que en un par de repechos duros tenga que echar el pie al suelo y caminar unos metros.

Después de un buen rato de subidas, bajadas, más subidas y más bajadas, con zonas técnicas que te hacen gastar bastantes fuerzas, acabo llegando a la fuente. Buf, casi no recordaba lo duro que es ese tramo. La verdad es que casca bastante.

Unos metros antes de llegar a la fuente, me paro a hacer un par de fotos de ese gran árbol que sigue allí en medio cortando el camino. Desde que inicié el camino a la salida de Corbera y hasta llegar aquí, he visto muchos árboles sin retirar, del camino unos, de entre la vegetación otros. Ya están bastante secos muchos de ellos, así que si este verano no hay ningún incendio tendremos suerte.

Está claro que ningún Ayuntamiento se preocupa por limpiar esta zona


Una vez en la Font de Sant Ponç sigo adelante por el camino que baja hasta encontrarse con el que viene del Cau de la Guineu y sube hasta la esplanada de la N-340, al lado del Pont dels Tres Arcs.

Subo hasta allí y sigo hacia la masía de Can Cases, repitiendo ese tramo que hago últimamente, que pasa por el cruce del Coll de Verdeguer y hace un rodeo sin llegar a la masía, para vover hacia la N-340. Bajo unos pocos metros por la carretera hasta adentrarme a la derecha en el camino que me llevará a rodear El Mas del Lledoner por el Bosc de la Pinatella.

Buenas rampas de subida al iniciar el camino, que me hacen sudar bastante, por las no muchas fuerzas que tengo, y porque los caminos empiezar a estar muy secos y ya no se tracciona tan bien como sólo hace unas semanas.

Desde el Mas del Lledoner subo por el sendero que va paralelo a la nacional hasta el Pont del Lledoner, donde cojo el camino, de dura subida en su inicio, que me llevará hasta las instalaciones de Aigües de Vallirana que hay en los límites de la urbanización del Lledoner.

Por el camino, un par de duras cuestas, y alguna bajada para relajar. Al llegar a las instalaciones, lamento que el camino que sigue hasta la “bola” (radar metereológico) de Vallirana esté tan mal que haya que hacer un tramo largo andando, y paro a hacer unas fotos del que será mi siguiente objetivo, el Puig d’Agulles.

 A 7 km, el Puig d'Agulles, próximo destino


Después de varios minutos haciendo el tonto intentando que me quede una foto curiosa, y de comerme un par de barritas energéticas, retomo mi camino, ahora de vuelta por el mismo que he venido.

No me noto las piernas muy sueltas precisamente, así que en el tramo llano intento llevar una cadencia alta para ver si se me “sueltan” un poco de cara a la corta pero empinada cuesta que vendrá a continuación, que como siempre subo a platillo.

Cuando llego al final del camino me meto en la nacional, justo al inicio del Pont del Lledoner, y subo en dirección al Puerto del Ordal, pensando todavía si bajar hasta el pueblo de Ordal por carretera y luego subir al Puig d’Agulles por el Camí de Mas Granada, o si subir por la antigua nacional hasta la Creu d’Ordal y de allí al Puig por el camino de las canteras.

Finalmente opto por esta última opción, pensando que a lo mejor más tarde podría hacer el otro recorrido, y que además, había demasiado tráfico y pocas ganas de hacer carretera.

De camino al Puig voy intentando llevar un ritmo medio bueno, tirando de desarrollo en algunos momentos, y dejándome descansar con el molinillo en otros. Según me acercaba iba pensando en la posibilidad de no subir hasta la bola, que no iba yo muy sobrado, pero la certeza de que no subir me haría “cogerle miedo” (jajajajaja!!!) me acabó por convencer de que lo correcto era subir, sufriera lo que sufriera.

Bueno, me costó menos de lo que esperaba, pero sí que subí peor que en otras ocasiones, haciéndoseme bastante pesadas cada una de las pedaladas que iba dando. Las rampas del 20-22% que hay en esos últimos 150 metros se hacen notar, y mucho.

Una vez arriba, los datos del gps me ayudan a pensar que tan mal no lo estoy haciendo, pues llevo 1000 metros de ascensión en sólo 25 kilómetros (desde el inicio del camino de can Casido, que los cuatro primeros fueron de calentamiento por el pueblo). La verdad es que no está nada mal.

Descanso unos segundos para recuperar una frecuencia cardíaca más tranquila, y doy la vuelta para bajar hasta la falda de la montaña. Desde ahí subo hasta la urbanización Safari, ya que mi siguiente destino era Gelida bajando por el camino de Can Oller de la Montanya.

Quería bajar por ese camino (en otras ocasiones he bajado a Gelida por la carretera) para ver si estaba en condiciones de subirlo en otro momento, ya que es un camino que suele estar bastante mal debido a los típicos regueros formados por la bajada de agua, y porque tiene tramos muy rotos y de mucha pendiente.

La sorpresa nada más empezar el camino es que acaban de pasar una máquina que lo ha ensanchado, y que lo han rellenado con tierra.
Ha pasado de ser un camino estrecho a ser bastante ancho, tipo pista, pero con un relleno de tierra malísimo por no estar asentado, que hace que las ruedas se hundan muchísimo y haya que ir con mucho cuidado de no clavarse y caerse.

"Autopista" a Gelida


Mientras estoy haciendo unas fotos saludo a un hombre que iba con un “chapo” retocando zonas del camino que tenían mucha piedra vista.

Allí abajo, Gelida


Justo pasar la hípica de Can Oller de la Montanya se acaba el tramo “arreglado”, y el camino pasa a ser el que era, de bajada de tierra dura, con gravilla de los restos del asfaltado que hubo en algún momento, para acabar siendo totalmente de tierra ya llegando al Castell de Gelida.

Entro en Gelida y me dirijo al desvío hacia el camino de La Font Freda. Me lo voy a tomar con calma, que después de tanto rato bajando las piernas están medio dormidas, y además no las llevo en muy buenas condiciones.

Al poco de empezar la subida llego a la fuente y me paro a rellenar el bidón de agua, que lo llevaba vacío y aún quedaba un buen trecho hasta casa. Salía muy poca agua, así que mientras se llena el bidón aprovecho para hacer una foto y comer una barrita.

En la Font Freda, esperando a que se llene el bidón


Ya continúo mi camino de subida en dirección al Puig d’Agulles, intentando llevar un ritmo algo alegre tirando de plato mediano, lo que me anima bastante pues la última vez que subí por allí lo hice casi todo el camino con el plato pequeño, y muy hecho polvo. Pero claro, aquel día me había pegado una buena paliza. En cambio, ayer iba a hacer muchos menos kilómetros, así que tocaba machacarse más, intentado subir con desarrollos un poco más largos.

Subí bastante bien (no bien del todo, pero bastante bien), así que al llegar a la falda del Puig no me lo pensé dos veces y seguí hacia arriba, para intentar subir a la bola por segunda vez. Chino chano, luchando también contra el viento que me había estado fastidiando durante toda la tarde, fui tirando hasta que llegué al último y más duro tramo, que esta vez me costó bastante más.

Esta vez, al llegar a la bola sí que aproveché para descansar un poco y hacer un par de fotos.

Foto "trofeo" de la 2ª subida a la bola


Vuelvo a mirar los datos del gps, y veo que ahora llevo 1500 metros de ascensión en 38 kilómetros. Sigue estando bastante bien. Debe de estar, porque llevo las piernas bastante cargadas para tan pocos kilómetros.

Bueno, ahora ya sí tocaba volver a casa, que ya eran más de las siete de la tarde, empezaba a hacer frío, y no tenía ganas de hacer mucho más.

Bajo hasta la falda del Puig y me meto por la trialera que baja hasta Can Armengol, para atravesar la urbanización y llegar a la carretera de L’Amunt. En lugar de tirar directamente para Corbera, me desvío hacia L’Amunt, sólo por hacer dos o tres kilómetros más, llegando a la plaza de Can Rigol.

Como hago últimamente, todo este tramo, y hasta llegar a casa, le voy metiendo bastante caña a los pedales (la que puedo). Ya sólo me quedan unos cinco kilómetros, y vale la pena que acabe la ruta haciendo un último esfuerzo.


Una ruta corta pero rompedora



Finalmente, he acabado haciendo una salida de casi 5 horas, para un tiempo de pedaleo de 4 horas y cuarto, recorriendo 54 kilómetros, y ascendiendo 1700 metros. Bueno, no ha estado mal, teniendo en cuenta que un poco más y ni salgo.


Bruno

lunes, 21 de junio de 2010

ALGUNOS LO LLAMAN TOMA DE CONTACTO


Antes de ayer sábado volvimos a salir juntos Carlos y yo.
Desde la salida que hicimos el 17 de mayo con Jorge, no habíamos vuelto a salir juntos.
Era un día apropiado para ello, pues Carlos no anda con muchas ganas últimamente (desde El Soplao no ha hecho más que unos pocos kilómetros), y a mí también me iría bien la compañía, que tantas salidas seguidas en solitario van dejando huella.

Hicimos una salida bastante larga en kilómetros y en horas, con un desnivel acumulado no exagerado pero aceptable, y con un perfil plagado de rampas de grandes porcentajes y algunas subidas bastante largas. Muchas paradas durante el recorrido, que yo agradezco, y un día caluroso por momentos, pero algo fresquito en general.

Una salida que a Carlos le sirvió para volver a hacer una gran kilometrada e intentar recuperar las ganas de pedalear, y a mí para continuar aumentando la intensidad del entrenamiento de cara a la VipXtrem de julio. Carlos también irá, a no ser que no acabe de recuperar esas ganas.

Aunque el tendón del cuádriceps izquierdo me fue dando la lata en muchos momentos, no tuve dolores de otro tipo en las rodillas.
Y como en todas las salidas desde El Soplao, me noté los gemelos de la pierna izquierda algo agarrotados, y con “ganas” de acalambrarse en algún momento. Creo que necesitaría ya mismo un buen masaje descontracturante en las piernas. Y en la espalda tampoco me iría nada mal.

Habíamos quedado a las ocho y media de la mañana en Sant Boi, en la Iglesia de Sant Baldiri, así que a las ocho en punto estaba ya subido en la bici e iniciando la bajada por carretera hacia Cuatro Caminos. Desde allí, también por carretera, hasta Sant Boi, a donde llegué a la hora acordada. Carlos ya estaba allí, por lo que después del saludo y hablar un momento sobre si nos mojaríamos o no, ya nos pusimos en marcha.

La mañana era un poco fresquita y soleada, aunque algunas nubes y las previsiones metereológicas nos hacían pensar que a lo largo de la mañana se podía torcer la cosa. Yo, por si acaso, había cogido el chubasquero.

Salimos de Sant Boi por la carretera que lleva a Sant Climent de Llobregat, donde, después de una breve parada en una panadería para que Carlos desayunara algo, ya nos adentramos por camino de montaña (La Carrerada) en dirección a Begues, con la idea de luego ir hasta la cima del Montau, a donde yo no había ido nunca.

El camino empieza tirando "pa’rriba", con unas rampas bastante duras en varios tramos, que me hacen poner todo el desarrollo para conseguir superar las pendientes del 20-22% que nos estábamos encontrando. El terreno, seco y algo roto, no ayuda a que la tracción sea la adecuada, por lo que hay que ir buscando la trazada buena para no ir derrapando.

Después de unos 6 kilómetros de dura subida salpicada con alguna que otra bajada, y de pasar por la Ermita del Roser, llegamos a Begues, donde callejeamos un poco en busca de la salida que nos lleve hasta la cima del Montau. Desde Sant Boi hasta aquí sólo llevamos 10 kilómetros, y ya hemos ascendido 500 metros. Como sea así todo el día, vamos a acabar reventados.

Suerte que el día, a pesar de ser soleado y de estar empezando a hacer bastante calor, era un poco fresco debido a la ligera bajada de temperatura de los últimos días, y además corría algo de viento que ayudaba bastante a no ir demasiado acalorado.

Desde Begues tomamos una carreterilla de esas por las que no pasa nadie, y que está asfaltada porque va a parar a una central eléctrica. Es una carreterilla que gusta hacer con la bici, pues va subiendo con una pendiente bastante continua que permite rodar a un buen ritmo, tirando de plato mediano y jugando con el segundo y tercer piñón.

Las vistas empiezan a ser buenas, pues se divisa una zona bastante amplia de las montañas. Después de unos minutos de subida a un ritmo constante, tirando de cadencia, llegamos a la estación eléctrica “Punto Sur”, después de haber hecho los últimos cientos de metros a un ritmo más alto debido al medio-pique que llevábamos Carlos y yo.

En condiciones normales Carlos me tendría que haber sacado varios minutos de ventaja sólo en ese tramo de asfalto, pero como no anda muy fino yo podía seguir su ritmo e incluso adelantarle en varias ocasiones.

Tengo que decir que quizá haya sido la única salida que he hecho con él en la que no se me escapaba mucho en las subidas, incluso íbamos juntos en muchos momentos, ya que por no estar sobrado de fuerzas nunca fue a un ritmo demasiado alto para mí.

Una vez pasada la estación eléctrica aún quedaba hacer un duro tramo de un par de kilómetros otra vez por camino de montaña, con unas rampas bastante duras que volvieron a poner a cada uno en su sitio.

Ya casi llegando a la cima nos paramos a hacer unas fotos ineludibles en la caseta de los forestales.

Haciendo el tonto

Una pose para el recuerdo

Panorámica desde la caseta, y hacia su parte trasera.
Al fondo, los radares metereológicos del Puig d'Agulles y del Puig Bernat.
Por medio, muchas torres de electricidad



Unos minutos después seguimos el camino para acabar de llegar a la cima, donde volvemos a hacernos unas fotos que den fe de que estuvimos allí. Aparte, un breve avituallamiento.

Te encuentras de todo por la montaña

El punto geodésico del Montau


Tocaba ahora iniciar el descenso por un camino de fuerte pendiente que pasa al lado de las canteras que hay allí, y que estaba en mejores condiciones de lo que nos esperábamos. Son un par de kilómetros de bajada continua en un momento de la cual aprovecho para hacer una fotito representativa.

Por allí viene Carlos


Al acabar la bajada llegamos a la carretera que une Begues con Olesa de Bonesvalls, localidad esta última a la que llegamos después de unos minutos de rodar a un ritmo ligerito.

Allí paramos en una fuente para reponer agua en los bidones, y continuamos nuestro camino, ahora por la pista forestal que lleva hacia Can Grau. Vaya, precisamente no me apetecía volver a hacer ese camino, que el domingo anterior ya tuve bastante. Pero bueno, era necesario para poder realizar el recorrido que Carlos tenía planeado.

A medio camino nos paramos para que Carlos se asome a ver el Avenc de l’Esquerrà, en el que nunca se había parado.

En el Avenc de l'Esquerrà

Placa conmemorativa del primer descenso

Había unos espeleólogos allí dentro


Seguimos el camino de continua ascensión en ligera pendiente, charlando y pedaleando a un ritmillo tranquilo, y al poco llegamos a la carretera que va de Olivella a la urbanización La Plana Novella. La tomamos en dirección a la urbanización, a donde llegamos después de un par de kilómetros forzando un poquito el ritmo.
Una vez allí, callejeamos para llegar a nuestro siguiente destino, que era el monasterio budista de Palau Novella.

El Palau Novella


Descansamos un poco, hacemos algunas fotos, y en el restaurante que hay allí nos aprovisionarnos otra vez de agua. Había que aprovechar, que Carlos parecía tener más ganas de hacer paradas que yo.

Después de un rato allí parados retomamos nuestra ruta, ahora con la vista puesta en la cima de La Desfeta, a la que llegaremos después de hacer la subida que va de La Plana Novella a las inmediaciones de Begues, y luego hacer la subida propiamente dicha a esa cima.

La subida desde La Plana Novella la hicimos a un ritmo bastante constante, sin forzar, pero tampoco yendo de paseo, y lo que es la subida a La Desfeta la hicimos a un ritmo más elevado. Al menos eso considero yo, que fui todo el camino intentando que Carlos no se me escapara, y aprovechando que lo llevaba delante para tener una buena referencia y forzar un poco mi ritmo.

Una vez en la cima aprovechamos para descansar un poquito, comer algo, y hablar de lo que íbamos a hacer a continuación.

Nuestras caras hablan por sí solas

El Canal Olímpic de Castelldefels, visto desde La Desfeta


A estas alturas de la salida ya llevaba yo uno 70 kilómetros, y un buen tute en las piernas, por lo que no era mala idea ir pensando en volver ya para casa.

Aún así, todavía nos quedaban “un par de cosas por hacer”, por lo que después de reponer fuerzas volvimos a subirnos a las bicis para iniciar la bajada, ahora pasando por dos cortas trialeras que atajan el camino.

Una vez acabada la bajada de La Desfeta nos incorporamos a la carretera que lleva a Viladecans, por la que bajamos un par de kilómetros hasta desviarnos para tomar el Camí de la Salena, ya por montaña, y que lleva a Sant Climent previo paso por el Coll de Can Bori y por el cementerio de la localidad.

Este es un camino paralelo al que habíamos hecho de buena mañana, para subir de Sant Climent a Begues, y que ya lo hemos hecho en otras muchas ocasiones. Se trataba simplemente de volver por un sitio diferente.

Una vez en Sant Climent, y sólo “por hacer la gracia”, nos metemos por una calle que acaba en una cuesta corta pero bastante dura, y que va a parar a la cima de una pequeña colina llamada El Pedró, donde hay un depósito de agua. Suerte que la subida está cementada, porque mis piernas ya no tenían mucha fuerza para subir sus rampas del 18-20%.

Después de hacer la gracia del Pedró, callejeamos por la localidad para tomar la carretera que nos lleve a Sant Boi. Después del primer tramo de subida de la carretera, encaramos ya la bajada a Sant Boi, pero antes de llegar nos desviamos para hacer la última ascensión “importante” del día. ¿Cómo nos íbamos a marchar a casa sin haber subido a la ermita de Sant Ramón, en la cima del Montbaig?

Venga, vamos “parriba”, que ya nos queda menos. Menos fuelle, menos fuerzas, menos ganas, menos de todo. Me tomo la subida con mucha calma, con demasiada calma. La empiezo ya poniendo el plato pequeño casi desde abajo, y poco a poco, según cojo ritmo, voy bajando piñones hasta que ya me decido a poner el plato mediano y dar todo lo que me quedara. Bueno, casi todo, que aún tenía que volver a Corbera.

Carlos llegó arriba bastante antes que yo, que me conformé con llegar apretando lo que podía. Unas fotos, barrita energética, bebida...

En la Ermita de Sant Ramon

No estaba claro si me acabaría pillando la lluvia de vuelta a Corbera


Bueno, ahora ya sólo faltaba bajar hasta Sant Boi, donde nos despediríamos para ir cada uno a su casa. Cogimos agua en la fuente que hay llegando al final de la bajada de la montaña, y nos dirigimos hacia Sant Boi por el camino menos fácil, aunque no por eso difícil. Simplemente tenía un par de repechillos de esos que se hacen casi por inercia.

Una vez en el pueblo, por supuesto no pudimos salir de allí sin pasar por esa calle que tanto nos gusta, y que es una subida de unos 100 metros con un fuerte desnivel, y que hacemos siempre en un sprint sostenido que provoca una quemazón brutal en los cuádriceps. Cuando ya parece que has llegado arriba (más que nada porque ya no puedes más), levantas la vista y aún te quedan unos segundos de sufrimiento. Es cierto, “sarna con gusto no pica”.

Después de eso ya nos paramos en el puente que lleva al camino del río, por donde se iría Carlos, y estuvimos un par de minutos charlando sobre cómo había sido la ruta, y sobre si nos pillaría la lluvia. Ya nos despedimos, pues Carlos tenía prisa por llegar a casa y marchar a ver una cortísima cronoescalada que se hacía en L’Hospitalet, y a la que se había apuntado su primo Jorge.

A mí aún me quedaban los 15 kilómetros de vuelta hasta casa, así que me tomé media barrita y medio gel, me mentalicé de que lo haría sin problemas, y emprendí la marcha.

Tardé algo menos de una hora en llegar a casa. No iba del todo mal. Bastante cansado y con las piernas muy justas de fuerzas, pero sobretodo, lo que llevaba peor era el culo, que iba bastante escocido después de ocho horas de ruta. Me resultó extraño, porque otros días no me ha molestado tanto. Supongo que en esta salida estuve más tiempo sentado que en las dos o tres que había hecho anteriormente.

Así, manteniendo un ritmo más que aceptable para el trotre que llevaba ya encima, fui haciendo kilómetros, pensando que en peores condiciones había llegado en otra ocasión, y no queriendo hacer esfuerzos de última hora innecesarios.

La subida desde La Palma hasta Corbera se me hizo más llevadera de lo que esperaba, poniéndome de pie cuando ya notaba muy mal el culo, y subiendo con una cadencia bastante aceptable. Por momentos se me pasó por la cabeza la idea de subir hasta La Creu Aregall, pero no fue más que eso, una idea fugaz.

Finalmente llegué a casa, bastante hecho polvo, aunque no destrozado, y pensando que la salidita que habíamos hecho no había estado nada mal.

La ruta desde el satélite

Un perfil con muchas puntas


8 horas y 45 minutos de ruta, para 7 horas y 15 minutos de pedaleo, 115 kilómetros recorridos, y 2500 metros de ascensión acumulada.

Aún resonaban en mi cabeza las palabras de Carlos cuando nos estábamos despidiendo: “como toma de contacto no ha estado mal”.
¡¡¡¡“Como toma de contacto”!!!!

En fin, cada uno a su nivel, y yo, a mi ritmo.


Bruno

miércoles, 16 de junio de 2010

TENÍA QUE SALIR


Hoy, por fin he vuelto a salir entre semana.

Y es que desde el Soplao sólo he salido el lunes 31 de mayo, el sábado de esa semana, y el domingo de la pasada.
No puede ser. Se acostumbra uno a no coger la bici, y cuando te quieres dar cuenta has perdido la poca forma que tantos meses ha costado conseguir.
Además, no se puede salir sólo un día a la semana, y meterse la gran paliza. Hay que darle algo más al cuerpo entre una paliza y otra.

Así que hoy, sorprendiéndome a mí mismo, he sido capaz de levantarme a las 6 y media de la mañana, y a las 8 ya estaba en la calle montado en la bici.

Mañana soleada pero fresca, que me ha hecho dudar hasta el último momento de si llevarme o no el maillot de manga larga. No me habría ido mal, pues en algún momento he pasado un poco de frío.

Como me apetecía hacer una tirada más o menos continuada de pedaleo, he optado por hacer carretera. Sí, ya sé que no es lo mejor para preparar una marcha de montaña con mucho desnivel, pero para romper la tónica de estas últimas semanas, y para recuperar un poco de cadencia de pedaleo, he pensado que sí me serviría.

Así que he salido de casa en dirección a La Palma de Cervelló, para seguir hasta “Cuatro Caminos”, donde me he desviado hacia la antigua N-II para cruzar Pallejà, Sant Andreu de la Barca, y llegar hasta Martorell.

Como siempre, el tramo desde Cuatro Caminos hasta Martorell con bastante viento, no muy fuerte pero sí molesto, lo que me ha hecho ir a un ritmo algo bajo en algunos momentos. Aunque hacía fresquillo, el propio esfuerzo me daba el calor suficiente para no pasar frío.
Eso sí, llevaba tapado el cuello con una braga de verano.

Una vez en Martorell he salido en dirección a Gelida, siempre intentando llevar un ritmo algo alegre, y antes de llegar al pueblo me he desviado para subir hacia La Creu Aregall.

La subida la he hecho a un ritmo casi constante, que es lo que me había propuesto, subiendo siempre con el plato mediano, y no poniendo en ningún momento el piñón grande. Puede parecer algo obvio para muchos, pero para mí representa un pequeño logro el haber hecho así toda la subida.

He tardado 31 minutos en hacer esos 5 kilómetros y medio, algo nada espectacular por supuesto, pero creo que nunca antes lo había hecho en “tan poco” tiempo.

Como había venido "ligero" desde Corbera, y al haber hecho la subida a un buen ritmo, al llegar arriba he pensado en irme ya para casa, pues muchas más ganas no tenía de hacer nada. Y eso que había salido con la intención de hacer bastante más.

De bajada hacia Corbera he pensado que me acercaría hasta L’Amunt, sólo por hacer 3 ó 4 kilómetros más antes de irme para casa. Durante todo el trayecto de ida y vuelta a L’Amunt he intentado mentalizarme de que con lo que había hecho ya estaba bien, y que después de todo, al menos había conseguido volver a salir entre semana.

Pero justo cuando llegaba al cruce con la carretera de Corbera he cambiado de opinión, y en lugar de girar hacia Corbera he tomado dirección contraria y he vuelto a subir a La Creu Aregall.

Por este lado la subida tiene 3 kilómetros y medio, que he tardado 19 minutos en recorrer. Esta vez he vuelto a rodar con la misma premisa que subiendo desde Gelida (sin poner el piñón grande), pero en cambio, he subido siempre con una cadencia de pedaleo bastante más baja, y con mucho más cansancio en las piernas.

Al llegar al puerto he creído conveniente ir hasta la cruz, que total es sólo un kilómetro más, y así podría hacer un par de fotos para poner en el blog.

Qué cruz la mía...


Me he tomado un gel, que me notaba algo tocado, y he vuelto hacia Corbera, esta vez sin pasar por L’Amunt.

Al final, me han salido casi 53 kilómetros de recorrido, con un desnivel acumulado de 950 metros, para un total de 2 horas y 40 minutos de pedaleo, con un cuarto de hora de paradas.

Un perfilillo de estar por casa


Bueno, como forma de romper la mala tónica de las últimas semanas no está mal.

Sí, podría haber hecho montaña en vez de carretera, y podría haber hecho más tiempo y más kilómetros, pero aunque no haya sido así, al menos he salido.
Esto va con dedicatoria especial...

Y como dato positivo, aunque me he notado los tendones algo forzados, el dolor que tuve el domingo pasado en la rodilla derecha no ha hecho acto de presencia. Espero que siga así.


Bruno

domingo, 13 de junio de 2010

VAYA TUTE


Después de haber pasado un sábado perruno donde los haya, hoy he sido capaz de levantarme a las 7 y media de la mañana (cortesía de los vecinos), y hacer la salida en bici que tenía que haber hecho ayer.

Tras desayunar y dejarme medio preparada la comida, a las 9 y cuarto estaba ya en la calle dispuesto a realizar una ruta medianamente larga. Como mucho quería llegar a las 6 de la tarde a casa, para poder ver la Formula 1.

La mañana se presentaba soleada aunque con algunas nubes, lo que añadido a las predicciones metereológicas ha hecho que tuviera la precaución de llevarme el chubasquero. Al final no me ha hecho falta, quizá me habría ido bien una sombrilla.

La primera parte de la ruta la he casi calcado a la del sábado pasado: Corbera Baja, camino del Cau de La Guineu, explanada N-340, rodeo por Cal Becó, Coll de Verdeguer, Font de Sant Ponç, Pou dels Crestats, Camí de Can Dispanya, N-340, Bosc de la Pinatella, Mas del Lledoner, Pont del Lledoner, camino hacia el Puig de l'Osca, llegando hasta las instalaciones de Aigües de Vallirana.

Al llegar aquí, en lugar de ir hacia la “bola” de Vallirana (más que nada porque no me apetecía patearme la tremenda subida) he dado media vuelta y he regresado hacia el Pont del Lledoner. A medio camino, mis temores acerca de una piedra "mal cogida" un rato antes han resultado estar bien fundados, pues había pinchado la rueda trasera. Vaya, con lo rápido que soy yo en estos casos.

Me lo tomo con calma, y sobretodo me aseguro de que no haya nada en el neumático que vaya a pinchar la cámara nueva. Aprovecho para tomar un gel y aliviar necesidades meatorias. Bueno, he tardado lo de siempre, treinta minutos (lo pongo en letras para que impresione más). No, no me ganaría la vida en la Formula 1. Eran las once de la mañana, así que aún tenía mucho tiempo por delante.

He seguido camino hasta el Pont del Lledoner, donde me he incorporado a la carretera para hacer los pocos cientos de metros que hay hasta llegar a la urbanización El Lledoner, desde donde me he metido por montaña en dirección a Olesa de Bonesvalls.

De momento iba más o menos bien de fuerzas. Para nada sobrado, pero más o menos bien. 600 metros de ascensión en 20 kilómetros no estaba mal para llevar sólo dos salidas en tres semanas.

Por suerte no hacía tanto calor como el sábado pasado. Además soplaba un ligero viento fresco que se agradecía muchísimo, y que permitía no pasarlo tan mal en las subidas y refrescarte bastante en las bajadas.

Bajando a Olesa me he cruzado con bastantes beteteros, cómo se notaba que era domingo. A un buen ritmo he llegado al pueblo, que he pasado de largo para coger el GR que se adentra en el Parc del Garraf.

Después de un pequeño tramo de bajada al salir del pueblo, la subida de ligera pendiente que tiene el camino la he ido haciendo más rápido que en otras ocasiones. Quieras o no, el estar entrenando te hace forzar un poco más que cuando te tomas la salida con otras intenciones.

Un poco antes de que empezara el tramo de bajada hacia el cruce con la carretera que une Olivella con La Plana Novella, he hecho una pequeña parada táctica, en la que he aprovechado para hacer las primeras fotos del días.

No se aprecia bien, pero a lo lejos está la costa de Garraf


Al poco he continuado mi camino, tomando esta carretera mencionada en direción a La Plana Novella, pasando por Can Grau, ese corto tramillo del 18% que luego tendría que hacer de subida.
La verdad es que con la BTT se hace “tranquilamente”, en mi caso tirando de plato pequeño por supuesto, y además en otros tramos hechos un par de horas antes por montaña ya había subido rampas del 20%. Así que nada, cap problema.

Bueno, el hecho de ir hasta La Plana Novellla ha sido porque me apetecía subir a La Desfeta, cima que está cerca de Begues, y a la que hacía tiempo que no iba. Como estoy entrenando para la VipXtrem, en la que casi todo es pista, la subida desde La Plana Novella hasta La Desfeta es un tramo muy indicado para tal fin.

Sin ir muy sobrado, pero intentando no llevar un ritmo flojo, y peleándome un poco contra el viento de cara que había, he ido tirando para arriba, y he acabado llegando a la torre de vigía de La Desfeta después de 50 minutos de subida, salpicada con algún tramillo de llano y de bajada también. Desde el cruce de La Plana Novella hasta la cima de La Desfeta son 10 kilómetros, que he acabado notando en las rodillas.

Detrás mío, el Puig de les Agulles. Al fondo, la "bola" del Garraf


Allí arriba he hecho un par de fotos y me he sentado al pie de la torre, donde había una sombra buenísima que me estaba llamando para que le hiciera compañía un rato. He comido, he bebido, he estirado, he descansado, y me he refrescado con la brisa tan agradable que había.

Me habría quedado allí todo el día


Después de unos 15 minutos de relax necesario he retomado la ruta, ahora con la intención de volver ya hacia Corbera, pues ya me saldría un buen kilometraje.

Bajando hacia La Plana Novella me he quedado sin isotónico en el camelback, lo que unido a que tampoco llevaba ya agua en el botellín me ha hecho “tener que ir” hasta Olivella, donde sabía que encontraría alguna fuente. El tramo de Can Grau, chino-chano, apretando lo justo, que la bici no sube sola.

Al entrar en Olivella me he parado en la fuente que me he encontrado nada más llegar, en la que también había una sombra muy apetecible. Hoy he ido encontrando sombras salvadoras allí por donde iba.

He rellenado el camelback (no veas lo que me ha costado sacar la bolsa. Qué torpe soy cuando voy fatigado), y al bidón le he hechado un par de pastillas de Isostar que por suerte había cogido en casa.

Cuando ya llevaba unos minutos allí y me he sentado para relajarme un poco, al levantar la vista me he dado cuenta de un cartel que había allí mismo, y que me decía que ya había acabado la ruta. ¡Qué bien! Lástima que no tenía el coche para meter la bici y marcharme a casa, porque la verdad es que estaba bastante cansado.

Pues no, aún no había arribado


Bueno, me he mentalizado de que, aunque todavía me quedaban unos 40 kilómetros hasta casa, no había ya subidas largas de gran pendiente. Algún repecho duro pero corto, y la subida al Lledoner, larga pero suave. Un par de repechos más en las inmediaciones de Corbera, y estaría en casa.

Con bastantes ánimos pero con pocas fuerzas he iniciado el retorno. El tramo de asfalto desde Olivella hasta el GR de Olesa me ha costado bastante, pero se me ha hecho más corto de lo esperado. La lástima es que ahí ya me ha empezado a molestar el exterior de la rodilla derecha.

Es un dolor en una zona que ya hacía meses que no me había dado problemas. Supongo que la inactividad, salpicada con dos salidas bastante largas y algo exigentes, ha hecho que me resintiera.

Sin ser un dolor demasiado preocupante, pero bastante molesto, he ido haciendo el camino de vuelta hasta Olesa de Bonesvalls, donde me he parado justo antes de entrar, para tomar un gel y hacer unas fotos. Ya con la intención de no parar más hasta casa.

Edificaciones del antiguo Hospital de Cervelló, hoy de Olesa.
Hospital medieval de peregrinos, de 1262


La subida hasta El Lledoner se me ha dado bastante bien. Justo de fuerza en las piernas, con ligeros dolores de sobrecarga en músculos, tendones y articulaciones, pero intentando llevar un ritmo alegre que me hiciera tardar menos en llegar.

Una vez allí, unos metros de bajada por la nacional, y ya me he metido en la montaña para ir hacia Corbera, pasando por Sant Ponç y L’Amunt, y entrando en Corbera Alta por carretera.

He llegado a casa bastante tocado, con una buena sensación de fatiga, y con la necesidad de comer algo que me recuperara rápido. ¡Ummmmmmmmm, qué bien me ha sentado ese Bollycao que tenía en la nevera! No sé quién se lo inventó, pero desde luego que dio en el clavo.

Un batido recuperador, y justo a tiempo para ver la salida de la carrera de Formula 1, que he visto en dos partes, pues durante unos cuantos minutos a mitad de carrera me he quedado dormido. Y es que he llegado realmente cansado.

Un perfil que me ha dejado muy tocado


He acabado haciendo una salida de 8 horas y cuarto (contando la gran parada por el pinchazo), con un tiempo real de pedaleo de 6 horas y 40 minutos.

104 kilómetros recorridos, con 2370 metros de ascensión, que sin ser algo bárbaro ni mucho menos, sí que es un buen entreno para la VipXtrem de julio.

Y esta vez he hecho todos los kilómetros que he podido por pista forestal, haciendo carretera sólo para unir los diferentes tramos de montaña.

Abarcando una amplia zona


En definitiva, lo que podía haber sido un fin de semana desaprovechado ha acabado siendo un fin de semana bien aprovechado. Descanso necesario el sábado, y una buena salida el domingo. Eso sí, entre semana hay que hacer algo, que salir sólo el fin de semana, y haciendo ruta larga, no es buena cosa.

Así que bueno, aunque me ha fastidiado que me volviera a doler la rodilla derecha (espero que sea pasajero), y no me he notado en excelentes condiciones físicas, sí creo que he hecho una salida mínimamente decente, y que me ha dejado bastante satisfecho.

Bruno

martes, 8 de junio de 2010

ENTRENAMIENTO "TURÍSTICO"


Este sábado, después de dos semanas en las que casi no he hecho nada, reemprendí los entrenamientos, ahora de cara a la VipXtrem. Queda sólo un mes y hay que ir poniéndose las pilas.

Con la intención de hacer una salida de unas 6 horas, me levanté a una hora prudencial que me permitiera dormir lo necesario, que toda la semana durmiendo poco se acaba notando.

Así, a las 10 de la mañana salí de casa sin tener muy claro lo que iba a acabar haciendo. A esas horas de la mañana el sol ya calentaba bastante, y a lo largo del día acabaría por calentar mucho más. Ha sido la primera salida del año en la que he llevado el agua fresca de la nevera. Aún así, la del botellín se calentó rápidamente, aunque por suerte, la del camelback aguantó bastante más.

Salí por carretera en dirección a Corbera Baja, y de ahí hacia el camino del Cau de la Guineu ya por montaña, para hacer un recorrido típico de los que hacía meses atrás. Subiendo hasta la esplanada de la nacional N-340, pasando por las inmediaciones de la masía de Can Casas, bajando por la fuente de Sant Ponç para volver al camino del Cau de la Guineu, y volviendo a subir a la nacional, esta vez por el Camí de Can Dispanya, previo paso por la cima de una colina cuyo nombre no conozco, y a la que hacía semanas que no llegaba.

Desde la colina anónima


Por toda la zona que comprende el Fondo del Cau de la Guineu, investigando los dos o tres senderillos y trialerillas que había descubierto tiempo atrás, y que siguen estando en malas condiciones por culpa de los árboles caídos que aún nadie se ha molestado en retirar. Ya veremos este verano si no tenemos algún susto en forma de incendio forestal, que la verdad es que hay zonas que están muy mal.

De momento estaba teniendo la suerte de que el sol no estaba muy alto todavía, y por el camino iba encontrando bastantes zonas de sombra. Tampoco iba a un ritmo exigente, ya tendría tiempo de apretar cuando llevara más de media salida hecha.

Desde la esplanada de la nacional volví a ir hacia la masía de Can Casas, y después de bajar por la trialerilla que hay antes del cruce de caminos del Coll de Verdeguer, atravieso la nacional y ya me meto por la zona del Bosc de la Pinatella. Rodeo los campos de cultivo del Mas del Lledoner y subo paralelo a la carretera hasta el Pont del Lledoner.

Desde allí, sigo camino hacia el depósito de Aguas de Vallirana que hay en límite de la urbanización El Lledoner. Hasta aquí la ruta “típica”.

Una vez en las “instalaciones del agua”, decido seguir por un camino que medio habíamos hecho el verano pasado mi primo Víctor y yo, y que no pudimos acabar porque se nos hizo de noche. Es un camino que suponíamos nos llevaría a la estación metereológica de Vallirana.

El camino empieza con una subida de gran pendiente que puedes hacer subido en la bici, tirando de plato pequeño. Pero enseguida la pendiente aumenta aún más, lo que unido al hecho de que el camino tiene mucha piedra suelta, y una arena que a veces parece de playa, hace que al final tenga que echar el pie al suelo y subir caminando.

El gps marcaba constantemente un porcentaje que se movía entre el 20 y el 25%, e incluso subir caminando se hacía cansado. Después de hacer así un buen trozo volví a subirme a la bici, pero sólo duré unos pocos metros. Otra vez a patear.
Al cabo de unos minutos por fin acabó la gran cuesta, y el camino ya se allanaba. No me extraña, si es que ya no se podía subir más. Estábamos a 600 metros de altura, que es una altura considerable para la zona.
Es el llamado Puig de l'Osca.

Al fondo a la izquierda, el Puig d'Agulles y una de las dos canteras.
En medio, el Pont del Lledoner



Desde allí ya se veía claramente que el camino iba a parar a “la bola” de Vallirana, así que seguí adelante, ahora haciendo una pequeña bajada, antesala de la última subidita que daba a un depósito y luego a la bola, que está situada en la cima del Puig Bernat.


"La bola" de Vallirana, en el Puig Bernat, próximo destino


Hay allí también un “caseto” de Aigües de Vallirana, situado en medio de una rotonda asfaltada. De hecho, “por el otro lado” se puede acceder por una calle asfaltada, que parecía formar parte de alguna urbanización.

Estuve unos minutos, recuperándome sobretodo del calor, porque a esas horas ya estaba pegando muy, muy fuerte, y haciendo unas fotos y un vídeo de la zona.

En la bola, que más bien parece una pelota


A estas alturas de la salida me daba la sensación de estar pegándome un buen tute por montaña, pero a la vez me parecía no estar aprovechando bien el tiempo, pues no llevaba muchos kilómetros. Aunque bueno, me salía una media de unos 10km/h, con paradas incluídas, que es bastante normal por esos caminos.

Decidí bajar por la calle asfaltada, para así descubrir a dónde iba a parar, y tener la posibilidad en otra ocasión de subir a la bola desde el otro lado de la montaña.

En cuanto bajé unos pocos metros me dí cuenta de que la “salida” no sería fácil de encontrar, pues si por el camino que había hecho hasta la bola sólo había montaña, de este otro lado todo lo que se veía eran casas y más casas.
¡Qué destrozo de montaña!
Al igual que en Corbera, todos los pueblos de los alrededores a lo largo de los años han acabado haciendo lo mismo con las montañas. Invadirlas de “civilización”.

Empecé a bajar por unas calles de pendientes tremendas, sin ver ninguna indicación de ningún tipo, y temiendo perderme y tener que hacer el camino a la inversa. Aún así pensé que si iba bajando, al final llegaría a “buen puerto”.

Ya al cabo de un rato de bajar y bajar me dí cuenta de que estaba en la urbanización Pla del Pelach, en la que había estado hace muchos años cuando durante un verano trabajé como ayudante de camionero, repartiendo bebidas por los bares y restaurantes de la comarca.

Un laberinto de casas y más casas, en el que es fácil dar vueltas sin llegar a ningún sitio. Al final encontré a una señora a la que pregunté por la salida a la carretera (yo recordaba que a esta urbanización se llegaba desde la nacional N-340, pasado Vallirana), y siguiendo más mi instinto que sus muy malas indicaciones, acabé llegando a lo más bajo de la urbanización, donde encontré indicaciones para ir hasta ¡Olesa de Bonesvalls! Vaya sorpresa la mía.

Y es que esta urbanización pertenece a Olesa de Bonesvalls.
Seguí un poco más adelante y me di cuenta de que ahora estaba en la urbanización Ca n’Olivella, también de Olesa de Bonesvalls.

Pues nada, pensé que estaría bien conocer ese carreterilla y seguí por ella hasta que efectivamente acabé llegando a Olesa, justo en el cruce con el camino de montaña que viene desde la urbanización El Lledoner. Bueno, ahora ya conocía otro recorrido asfaltado. Es una carreterilla no muy ancha precisamente, casi siempre en bajada, y que parece no tener demasiado tráfico.

Camino de Olesa, el Pou de l'Home Mort


Una vez en Olesa de Bonesvalls, me fuí directo a la plaza del pueblo a comprar una botella de agua fría en una panadería que hay allí. Me estuve un ratillo a la sombra mientras rellenaba botellín y camelback, en este último rebajando así la concentración isotónica, que con el calor que hacía no apetecía beberla tan dulce.

Como por montaña había hecho pocos kilómetros para el esfuerzo que me representó (los días de inactividad, y el intenso calor se estaban notando) pensé que lo suyo era volver por esa carretera otra vez al Pla del Pelach, para conseguir encontrar la salida a la nacional, por el lado de Vallirana. Sería ese un buen recorrido para hacer en otras ocasiones.

Así que me dí la vuelta y volví a rehacer el camino, ahora casi constantemente de subida. Al llegar al “punto clave” de la urbanización pregunté a una mujer que iba caminando, y esta sí, me indicó bien la salida hacia la nacional.

Hacia la izquierda, Pla del Pelach. Recto, hacia Vallirana.


Finalmente, después de unos buenos kilómetros recorridos por asfalto, unos cuántos por carretera y otros por entre la urbanización, acabé por llegar a la N-340, a la altura de Les Casetes d'en Julià.

Bueno, ya tenía otro recorrido en la memoria. Espero.

Una vez allí, por supuesto me dió por subir hasta el Puerto del Ordal, que era lo más lógico. Luego ya pensaría si me metía hacia el Puig d’Agulles o qué hacía.

Subí a un buen ritmo los 3 ó 4 km que quedaban hasta el puerto, con un ligero viento que se agradecía muchísimo, pues casi no molestaba para rodar, pero sí aliviaba mucho el tremendo calor que hacía a esas horas del mediodía.

El agua que había comprado en Olesa ya estaba caliente, lo que me ayudó a decidir seguir hasta el pueblo de Ordal, donde paré a avituallarme en una panadería que hay a la entrada. Agüita bien fresquita, y un buenísimo croissant de jamón y queso que me sentó estupendamente.
Las barritas energéticas, y no te digo los geles, estaban que parecían sacados del horno.

Estuve un rato sentado en el suelo, disfrutando de la sombra y del airecillo, comiéndome mi cruasancillo, y decidiendo cómo seguir la ruta. El descanso era necesario, pues no iba sobrado de fuerzas y el calor apretaba muchísimo. No valía la pena andar con prisas.

Después de unos minutos allí parado, continué, ahora otra vez por camino de montaña, en dirección al Puig d’Agulles siguiendo el Camí de Mas Granada.
No iba para nada sobrado, entre el cansancio, la parada, el croissant, y el tremendo calor que hacía. A un ritmo bastante lento fui tirando hacia el Puig, pensando en subirlo sólo hasta el desvío que hay antes de llegar a la bola, y que lleva al puerto del Ordal pasando al lado de las canteras.

Al llegar a este desvío (hacía tiempo que no subía tan despacio ese tramo), sin pararme ni un instante di la vuelta y bajé hasta la falda de la montaña, donde cogí la trialera que va a dar a Ca N’Armengol.

Me pasó por la cabeza tirar ya para casa, pero no era plan, tenía que aprevechar mejor el sábado, que estaba de entrenamiento aunque fuera un poco turístico.
Así que al llegar a la carretera de L’Amunt decidí subir al puerto de La Creu Aregall, por carretera claro.

Bueno, no me encontré tan mal como pensaba, así que según iba subiendo fui barajando la posibilidad de seguir hasta Gelida, y luego volver a subir al Puig d’Agulles, esta vez por el camino de montaña que pasa por la Font Freda.

Así que cuando llegué a La Creu, seguí por carretera hasta Gelida. ¡Ohhhhhh, que fresquito más bueno durante toda la bajada! Me fui dejando caer, haciendo estiramientos en las piernas y aliviando un poco la presión de las posaderas, que tampoco era tanta, pero dando pedales también para no perder mucho el ritmo.

Como en otras ocasiones no lo había hecho, y esta vez iba en plan “turístico”, antes de acabar la bajada hacia Gelida hice una parada en la Creu de Rocassagna, a la que hacía ya tres o cuatro años que no iba.

La Creu de Rocassagna


Panorámica un poco forzada, pero que da idea de la vista que hay desde allí


La verdad es que me notaba bastante cansado, y aunque se me pasó por la cabeza bajar hasta el río Anoia para hacer una subida más larga, acabé por desistir de esa idea.
Con hacer la subida por la Font Freda tendría bastante. Es más, sabía que me iba a costar un poco.

Al entrar en Gelida me paré en un bar para comprar la tercera botella de litro y medio de agua del día. ¡Qué fría estaba! Perfecto, así me aguantaría toda la subida.

Crucé Gelida y ya me metí en la montaña. Rápidamente constaté que, efectivamente, me iba a costar más de la cuenta hacer la subidita, ya que me notaba muy escaso de fuerzas. Daba igual, había ido por allí precisamente para eso, para tener que hacer una buena subida con las fuerzas muy justas. Eso también forma parte del entrenamiento.

Usando el plato pequeño en zonas en las que en otras ocasiones había subido con el mediano, con una cadencia bastante baja, y con la suerte de que ese camino empieza teniendo bastantes zonas de sombra, fui tirando en los primeros compases.

Poco a poco, con un ritmo realmente malo, intentando en algún momento aumentarlo, aunque sin éxito, fui subiendo hacia la falda del Puig d’Agulles, a donde llegué en menos tiempo del que me imaginaba.

Y bueno, ya que estaba allí, pues me dió por volverlo a subir. Por supuesto, esta vez tampoco iba a llegar hasta la bola, que habría sido un esfuerzo totalmente innecesario.
Esta otra subida me costó bastante, con las piernas realmente fatigadas, y sin fuerza mental para aumentar el ritmo. Sólo era capaz de aguantar una cadencia mínima para ir avanzando.

Pensaba que con haber hecho todo lo que ya había hecho, y teniendo en cuenta los días de inactividad y el calorazo que había sufrido todo el día, ya había cumplido con creces las expectativas de la salida.

Una vez arriba, me bajé de la bici para caminar un poco, crucé unas palabras con unos chicos que iban delante mío, me comí la barrita que me quedaba (daba igual su estado, tenía hambre y era necesario comerla), hice unas fotos, y tiré para abajo, ahora ya pensando en volver para casa.

"De aquí no paso". Mi cara lo dice todo


Como ya iba a ser el último esfuerzo, una vez abajo del Puig subí hasta la urbanización Safari, por aquello de aumentar un poco el desnivel acumulado, y ya bajé por carretera hacia Corbera, dando pedales para acabar de exprimir las fuerzas que me quedaban.

Cuando llegué a casa estaba realmente cansado. Ha sido de esos días en los que llegas con la sensación de haberte pegado una buena paliza. Aunque los números no parecen indicarlo.

82 kilómetros y 2300 metros de ascensión acumulada, para una salida de 7 horas 40 minutos, con por lo menos 1 hora y cuarto ó 1 hora y media de paradas.

Esto es lo que he hecho


Bueno, tampoco está tan mal, teniendo en cuenta que en dos semanas casi no había hecho nada, y que el día fue terrriblemente caluroso.

En resumen, una salida de semientrenamiento, dándome más de un respiro, con mucho calor, con las fuerzas más justas de lo que esperaba, y buscando alargar lo máximo que pude el recorrido, con la intención realmente de exprimir mis fuerzas, tanto físicas como mentales.

Así que dentro de lo que cabe, una ruta satisfactoria, también por el hecho de haber descubierto un par de recorridos más que no conocía.

Ahora toca esperar a ver qué soy capaz de hacer el sábado que viene, porque ya veo que entre semana no voy a salir. Así que espero poder hacer más.


Bruno