Sin metas pero con objetivos, sigo disfrutando de las bicis y de otras actividades. Intento aprender continuamente para mejorar como persona, física y mentalmente. Este blog sigue siendo una especie de diario personal en cuanto a lo ciclístico, pero va siendo hora de ir añadiéndole algunas cosas más que también captan mi atención...

miércoles, 30 de marzo de 2011

SENDECICLANDO


¡Vaya paliza me pegué el domingo!... 31 kilómetros.
¿Qué paaasa, no dicen que hay aumentar sólo un 10% de una semana a otra? Pues yo he aumentado casi un 75%, y dentro de la misma semana. ¡Jajajajajá!

El sábado me desperté con la tranquilidad que te da el estar totalmente convencido de no coger la bici, y además, no me importaba, que en otras ocasiones me quedo con remordimientos. Esta vez no, así que seguí durmiendo. Ya saldría “en otro momento”, que me apetecía aprovechar el sábado para otros quehaceres.
Tanta bici, tanta bici...

El domingo, ya tarde, cuando ya había dejado de llover y empezaba a arreglarse el día, y después de estar un rato peleándome con el vídeo y por fin conseguir grabar la retransmisión en diferido de la F1, decidí que era ese momento.

La temperatura parecía muy buena. Estaba saliendo el sol, y casi no quedaban nubes. Y además, los caminos tendrían ese punto justo de humedad que los haría agradables de ciclar, ya que había llovido poco. Por no hablar de que la montaña en general estaría más bonita de lo normal.

Con un arroz con leche en el estómago, y un par de trozos de chocolate con leche y almendras (no me gusta el dulce, no), me preparé y salí dispuesto a darme una vuelta por la montaña.

Tenía tres opciones pensadas. Una era repetir la misma ruta que había hecho el martes y el jueves, intentando bajar tiempo. Otra, hacerla dos veces (o “una y media”) intentando mantener una media algo “elevada”. Y la tercera, dedicarme a investigar algún camino al que le “tenía ganas”.

Cuando no llevaba más que 20 minutos subido en la bici, un pellizco tonto con una piedra del camino me hizo parar a cambiar la cámara de la rueda trasera. Entre que no tenía prisa, que el neumático estaba algo embarrado y me entraba tierra dentro (y claro, yo venga a sacarla, pues no soy yo pulido), y que normalmente ya soy lento cambiando una cámara, pues me tiré media hora allí parado.

Ya se me habían trastocado los planes. Otro se lo habría tomado peor (incluso yo), pero mira por donde me lo tomé con alegría. También hay que decir que los neumáticos tienen ya 1200 kilómetros, y es el primer pinchazo. Y eso que los he metido por sitios muy malos. Así que nada que reprocharles.

Ahora ya lo tenía claro, iba a hacer turismo de caminos. Pues nada, a investigar. Seguí con la ruta de toda la semana, ya que, casualmente, los caminos que quería hacer empezaban en diferentes puntos de su recorrido.

El primero era un sendero de subida a la cima de una colina que no encuentro nombrada en los mapas topográficos del Wikiloc. Como las ruinas de Cal Becó están en la base de esta colina, la llamaré el Turó de Cal Becó. El sendero es de esos que están “abandonados”, y tienes que pasar por encima de vegetación de todo tipo mirando de no meterte alguna rama de árbol en un ojo. Mira que si llego a pinchar otra vez... Pero no, no pinché. Buenos neumáticos. Todo será que el próximo día que salga pinche dos o tres veces seguidas...

Está claro que por ahí no sube mucha gente


Algunos metros los tuve que hacer andando, que no estoy yo como para subir por según qué sitios, y también porque algún tramillo estaba demasiado “vegetado”. Al final acabé llegando a la cima, en la que hay un depósito de agua, supongo que de la urbanización de Can Cases de Vallirana. Allí estuve un rato haciendo fotos y “chafardeando” un poco, a ver si había algún otro senderillo que investigar.

Las sillas serán para tomarse algo mientras contemplas la naturaleza...

A lo lejos, el Puig d'Agulles, visto desde el Turó de Cal Becó


De vuelta para abajo aún perdí otro ratillo intentando encontrar un sendero que me salía en el mapa del gps. Ni rastro. A veces en los mapas salen senderos que no existen, y a veces encuentro senderos que no salen en los mapas. Ya ves.

Finalizada la bajada del sendero, continúo con la ruta (el mismo trayecto de toda la semana) para ir ahora en busca de otro camino que quería investigar. Es un camino que ya había hecho hace tiempo, pero quería volver a hacerlo porque según los mapas era mucho más largo de lo que yo pensaba.

El tramo que yo conocía acaba en una pequeña explanada en la que están las ruinas de un antiguo horno de cal, que aunque ya lo conocía, aproveché para revisitar y videofotografiar extensamente.

En la explanada, intentando hacer una foto artística

La entrada del antiguo horno de cal

Desde el interior del horno. Está bastante bien conservado (que no cuidado). Sólo falta el techo


Después de un buen rato de visita tocaba “lo bueno”. Efectivamente, el camino seguía. Una tremenda rampa de tierra, con millones de piedras de todos los tamaños, casi imposible de subir (digo casi porque siempre hay algún bestia capaz de subir esas rampas), con picos del 28% según el gps, y que tuve que hacer casi enteramente a pie, empujando la bici y resbalándome con las innumerables piedras.

Corbera Alta y La Creu Aregall vistas desde la rampa


Al principio me dediqué a apartar algún pedrolo de la posible trayectoria de bajada, pero enseguida desistí porque estaba claro que si el camino se acababa y tenía que bajar por ahí, lo iba a hacer caminando. Si no, caída segura. ¡Qué malo era el camino!

Por ahí tenía que subir, y a lo mejor también bajar


Ya llegando arriba se arregló un poco la cosa y pasó a ser un sendero totalmente diferente a lo que acababa de subir. Después de un poco de llano se iniciaba ya una bajada, todavía por terreno en buenas condiciones.

Menos mal, ya me podía subir a la bici


Al poco me paro porque veo algo "sospechoso". Hay un senderillo a la derecha del camino que me lleva a un paraje cuando menos curioso. Se trataba de una especie de cueva, una gruta formada por dos entradas, y dentro de la cual logré ver que había unos tubos de hierro, e incluso una estantería metálica... ¿¿??

Me estuve un buen rato haciendo fotos de la zona, y grabando un vídeo, que hay que aprovechar las posibilidades de la cámara.

Mira que si se me cae la bici...


Ya dispuesto a continuar mi camino de bajada, aún tuve que esperar un momento a que pasara un motorista montañoso (están por todas partes...). Una vez pasó seguí adelante, ahora ya con el camino empezando a estar en peores condiciones, con bastante piedra suelta, aunque sin llegar a ser lo que me había encontrado subiendo por el otro lado.

El camino acaba llegando a una zona conocida, la que suelo llamar “la explanada de la N-340”, que hace unos meses me encontré recién arada, y que ahora está “vallada” con un cable que la rodea, y en la que parece que están saliendo brotes de no sé qué tipo de planta. En cualquier caso, contento por haber descubierto un camino que enlaza dos zonas bien conocidas.

Aún tenía ganas de más, así que me dirigí (por la ruta de la semana) a investigar un tercer camino que tenía visto de otras ocasiones, y que empieza en las inmediaciones de la masía de Can Cases. Una parte del camino ya lo conocía, pero me faltaba por investigar una bifurcación de éste. Así que hacia allí me fuí.

El camino, estrecho y pedregoso, como todos los de esa zona, acaba enlazando donde me imaginaba (que bien van los mapas topográficos del Wikiloc), en otro camino que he hecho más de una vez, y que viene de la Plana dels Bessons, bordeando las masías de Can Casildo y Can Cases. Decidí continuar en dirección contraria a como lo he recorrido en otras ocasiones. No veas como cambia la perspectiva.

Una breve parada para fotografiar la ermita de Sant Ponç. Por debajo de esas peñas discurre el Camí del Cau de la Guineu


Continué hasta que me encontré un senderillo que no tenía visto, y ya que era el día de los descubrimientos, me metí a ver a dónde iba.

Tuve que hacer por lo menos la mitad del sendero andando, que no era plan tener una caída por esa zona yendo yo sólo. Cualquiera me encuentra. Hice algunas fotos, sin importarme el tiempo que perdía, ya que la ocasión lo merecía. Allí en medio de un bonito rincón de la montaña, rodeado de vegetación, pasando por un senderillo estrecho que bordeaba unas peñas de esas que tantas hay por esta zona. ¿Porqué no me iba a parar a disfrutar del momento?

Un rincón cualquiera de la montaña, punto de unión de dos laderas

Un gran descubrimiento este sendero 

La última foto del día. Por ahí seguía el senderillo


El sendero acabó saliendo a otro camino que también conocía, y es que por esa zona conozco ya muchos caminos. La verdad es que me gustaría llegar a conocer todos los caminos y senderos que hay por allí.

La continuación de este otro camino llega hasta el principio del Fondo del Cau de la Guineu, y ya que estaba allí... pues a hacer otra vez la misma ruta que ya hice el martes y el jueves. Bueno, y que este día ya la había medio hecho una vez.

Poco más que contar, simplemente que intenté ir a un ritmo bastante más rápido del que había estado llevando toda la tarde, ya que llevaba pocos kilómetros hechos (duros, eso sí). Y es que también tengo que decir que hasta tres horas y media más tarde de haber salido de casa no conseguí igualar el tiempo que llevaba pedaleando con el tiempo que llevaba de paradas... Sin comentarios.

Llegué a casa un poco antes de las seis de la tarde, con el sol aún bastante alto. Es lo bueno de haber adelantado la hora. Contento por haber disfrutado mucho de la salida, que aunque fue corta, estuvo muy bien por haber descubierto caminos y senderos nuevos.

Físicamente mejor que los dos días anteriores, y aunque no era mi intención, acabé haciendo alguna cuesta de gran porcentaje. Pero es que por esa zona es lo que toca. El tendón del cuádriceps de la pierna izquierda me molestó bastante al principio, y luego me dejó un poco en paz. También es verdad que estaba más tiempo andando o parado que dando pedales.

Total, 31 kilómetros con 915 metros de ascensión (750m en los primeros 23km), en cuatro horas y media de salida, con ¡una hora y tres cuartos de paradas!

Nada espectacular, pero sí divertido


Pues no me lo pasé bien ni nada...


Bruno

jueves, 24 de marzo de 2011

MÁS DE LO MISMO


Pues eso, que hoy he salido y he hecho más de lo mismo. O sea, que he hecho la misma ruta (rutilla) que hice el martes. Eso sí, con un día mucho más soleado y caluroso.

Aunque he estado a punto de no salir y de quedarme en casa haciendo estática, ya que justo me estaba vistiendo he visto que en Teledeporte iban a dar un resumen de la etapa de ayer de la Volta, que dicho sea de paso, ya les vale a los responsables de que no la retransmitan en ninguna cadena de televisión. Pero he pensado que entre ver lo que habían hecho otros, y hacer yo algo, era mejor esto último, así que he apagado la tele y me he ido con la bici.

He salido casi a la misma hora, y al igual que tuve que hacer el martes, hoy también he tenido que pasar por el coche para recoger las gafas de sol, que me había olvidado de subirlas a casa al llegar de trabajar la noche antes (qué pasa... como no tengo otras, para conducir uso las de la bici, jajajajajajá).

El martes, a los pocos segundos de que el gps cogiera señal, el dato de la altura bajó 200 metros de golpe. Lo apagué y volví a encender, y poco después ya marcaba bien. Hoy, de buenas a primeras, ya marcaba 150 metros de menos, pero en esta ocasión no se ha llegado a corregir, con lo que he ido toda la ruta 150m por debajo de la altura normal.

Para que hubiera algo diferente al martes, al principio de la ruta he ido más alto de pulsaciones. Supongo que era porque había desayunado una taza de arroz con leche y aún lo notaba en la garganta... ¡Qué bien le queda a mi madre el arroz con leche! ¡¡¡¡¡¡Tremeeeeendo!!!!!!

Y bueno, por resumir ya la mini salida, diré que aunque al principio me parecía ir peor que el martes (más alto de pulsaciones, y más cansado), me daba la sensación de ir más rápido. Así que se me ha metido en la cabeza acabarla en menos tiempo, y he intentado ir siempre un poco más ligero que antes de ayer.

Cuando he llegado a casa y he descargado los datos del gps, he visto que sólo he conseguido bajar un minuto y medio. Y yo que pensaba que por lo menos habría rebajado cinco. En fin...

Pues nada, a ver si el sábado también me animo y hago una salida un poco más larga... Por lo menos 20 ó 25 kilómetros, jajajaajajajá!!!!


Bruno

martes, 22 de marzo de 2011

EN MARTES, NI TE CASES NI TE EMBARQUES


Así que yo he salido con la bici, que llevaba 20 días sin cogerla.

Introducción tonta donde las haya, pero que sirve para iniciar esta corta entrada sobre la salidilla que he hecho hoy con la bici.

Y es que después de tres semanas sin tocarla por culpa de una gripe inoportuna (¿alguna es oportuna?) estaba en ese estado apático que sobreviene después de tantos días de no hacer nada. Había que romper la dinámica de levantarse tarde y no hacer nada más que ir a trabajar, y qué mejor manera que poniéndose el despertador para salir a dar una vueltecilla en bici por la montaña.

Aunque me he levantado relativamente pronto, entre desayunar un poco y prepararme se me ha echado el tiempo encima. Bueno, en realidad el problema es tener que volver a casa sobre las diez y media para ir bien de tiempo y poder llegar a la hora al trabajo. Así que, o te levantas bien temprano, o te queda sólo un ratillo para dar pedales.

En cualquier caso, como llevaba tantos días sin salir, y además no iba a estar en condiciones de hacer mucho, con una horita y media ya tendría bastante. Total, se trataba sólo de salir a rodar un poco para ir entrando en materia de cara al fin de semana.

Salida de Corbera por el Fondo del Cau de la Guineu, para subir hasta la Penya d’en Rovira. Media vuelta rodeando el Turó de Cal Becó, y regreso a casa por el Fondo de Can Dispanya, L’Amunt, y subida de la Font Vella.

Foto de compromiso, llegando a la Penya d'en Rovira


En total, unos escasos 18 kilómetros en algo menos de una hora y cuarto, para un desnivel acumulado de unos 450 metros. Poca cosa, pero que de tan desentrenado estaba, ya me ha dejado satisfecho.

Suavesito... suavesito...


Las pulsaciones no muy altas (tampoco he forzado), algunas molestias (como todo quisqui), y una temperatura bastante buena para ir en bici. Había llovido algo por la noche, y llovió después de que llegara a casa. Perfecto.

El jueves otro poquito más (no sea que me atragante), y el sábado ya veremos...


Bruno

miércoles, 2 de marzo de 2011

MARTES POR LA RIBERA


Ayer martes me bajé al río a pescar, pero como yo no tengo caña tuve que pedalear...
Vaya parida de introducción, pero es que la entrada va a ser así, un poco cutre.

Ayer, siguiendo con mi plan de NO entrenamiento de cara a Los Monegros, según llegué de trabajar piqué algo de comida y me fui en bici hasta “Cuatro Caminos”, para rodar un par de horitas por el río. De bajada por carretera ya noté que el viento iba a ser un poco molesto.

Tomé un camino que discurre por la margen derecha del río, hasta ahora inédita para mí. El viento hacía que el ritmo no fuera muy rápido, y que tampoco estuviera yo muy a gusto. Llegué hasta Sant Andreu de la Barca, que fue hasta donde me dejó llegar un operario de unas obras que había por allí. Media vuelta, y a seguir rodando.
El viento, a su rollo.

Pasé de largo Cuatro Caminos y, rodando, rodando, llegué hasta El Prat, donde ya pensé que por tiempo, kilometraje, y dolor en el culo (aunque lo que realmente duele no es el culo, pero bueno, para que nos entendamos), era el momento de volver ya para casa.

Toda la ribera del Llobregat es de una "belleza" sin igual


El viento era coprotagonista de la ruta. El camino, superbacheado, auténtico “Vibro-Power” natural, era el otro. Y claro, de estrella invitada, el pequeño pero matón sillín "Duo-Power-Maldito el día en que lo compré”.

Cuando ya estaba hasta el gorro de los baches, el viento, y la dureza del sillín, me salí del camino a medio pasar Sant Vicenç dels Horts y ya me metí por asfalto, para no salirme de él hasta llegar a casa.
La subida a Corbera a un ritmo medio decente, intentando no pasarme de pulsaciones, pero a la vez no queriendo ir a paso de tortuga, que tampoco se trataba de eso.

Pude aguantar bastante bien el dolor isquiático (por aquello de los isquiones) a base de ir poniéndome de pie a ratos (pocos, que no iba sobrado), incluso alguna vez en llano. El viento había pasado a un segundo plano, ya que subiendo hacia Corbera casi no lo noté.

En definitiva, un martes por la ribera, cumpliendo los objetivos que me había propuesto: 3 horas de pedaleo, 58 kilómetros de recorrido. Y sólo 5 minutos parado. Satisfecho con la tardecita ventosa.

Sin pretenderlo, me salieron ¡450! metros de ascensión


Ahora ya hasta el sábado no me pienso volver a sentar en ese sillín. ¡Hombre ya¡


Bruno

domingo, 27 de febrero de 2011

GARRAFEANDO


Yo pensaba que después de aquella salida que hicimos en enero, Carlos y yo no íbamos a volver a salir juntos, ya que tenemos objetivos distintos para este año, y eso conlleva que las rutas con la bici tengan que ser también diferentes.

Pero claro, estamos en el trabajo y: “oye, ¿qué haces este sábado?, “pues saldré con la bici”, ¿y tú que haces?, “también saldré en bici”, ¿y qué piensas hacer?”, “pues iré por aquí y por allí”, “ah, pues yo a lo mejor también me acerco por allí”, “si quieres hacemos un trozo juntos, y luego cada uno que tire para donde quiera”...

En fin, que al final resulta que no, que no acabo de librarme de él, y ayer volvimos a hacer una ruta juntos. Si es que somos masocas, ¡jajajajá!

Para este sábado yo tenía intención de hacer una ruta entre rodadora y montañosa, para hacer kilómetros pero sin un desnivel excesivo. Mi idea era ir hasta Olivella, pasando por Olesa de Bonesvalls, y volver para Corbera. Me saldrían unos 60km y unos 1000m de ascensión. Buena salida para ir pillando la forma poco a poco.

Carlos tenía pensado hacer una ruta mucho más exigente, que rondaba los 100km y 3000m de ascensión. En un principio parecen incompatibles, pero como él también iba a ir por el Garraf, se nos ocurrió hacer una pequeña “fusión de rutas”.

Quedamos en mi casa a eso de las 9 y cuarto de la mañana del sábado. Él vendría pedaleando desde su casa (faltaría más), con lo que cuando llegara a la mía ya llevaría algo más de 20 kilómetros, y una hora y pico de pedaleo. Entonces haríamos la ruta que tenía pensada yo, aunque en lugar de ir hasta Olivella lo que haríamos sería subir hasta La Desfeta. Después de bajarla, yo volvería por carretera hasta Olesa de Bonesvalls, y de ahí a Corbera, y él volvería por Sant Climent, haciendo el recorrido de vuelta que hicimos la última vez.

Así que a la hora prevista ya estábamos dando pedales desde Corbera en dirección a la N-340. Empezamos la ruta haciendo el camino del Cau de la Guineu, zona por la que salgo a correr últimamente. Como Carlos ya venía caliente, el ritmo era ligerito, aunque no mucho, que yo acababa de empezar y aún tenía el desayuno en la garganta. Pero claro, tampoco se trataba de que él se “aburriera”. Aún así, él iba siempre por delante, y a unas decenas de metros de mí.

En media hora estábamos ya en la nacional, a media subida (bueno, algo más) al puerto del Ordal. Antes de que le pudiera hacer un comentario sobre la posibilidad de dar un pequeño rodeo por el Coll de Verdeguer, Carlos ya se estaba metiendo en la carretera para seguir subiendo (vaya, con lo bien que me habría ido un pequeño rodeo medio llano).

Subimos por asfalto durante unos minutos, en los que me llegué a poner en cabeza en el último tramo (ese pundonor, jejeje), hasta que llegamos a la urbanización El Lledoner, donde nos metemos para coger el camino de montaña que lleva a Olesa de Bonesvalls.

En la entrada del camino, una valla de obras que tenemos que rodear. Están haciendo una depuradora y colectores de agua. Ya está bien, ya, porque aquella zona tiene una riera que literalmente da asco, y que cuando la tienes que cruzar en dos o tres puntos del camino siempre intentas que no te salpique el agua ni el barro, porque el fétido olor que desprende te avisa de que seguramente no sea “agua limpia”.

La bajada hasta Olesa es fácil y relativamente rápida. Sólo el continuo traqueteo provocado por la gran cantidad de piedras sueltas que hay, y por piedras que sobresalen de la tierra, hace que haya que ir con un poco más de cuidado del normal, y que haya que ir levantándose del asiento en constantes ocasiones. Imperativo esto último, pues vamos a hacer muchos kilómetros, y el culo hay que ir cuidándolo desde el primer momento, que últimamente está “recibiendo” mucho.

Según bajábamos no pude evitar pensar en aquella otra vez que fuimos por allí, hace ya un año, mientras nos preparábamos para el Soplao, y en la que llegamos a pasar un frío tan exagerado que al llegar a Olesa nos tuvimos que meter en un bar para calentarnos, y luego dar la vuelta desistiendo de hacer la ruta que teníamos pensada.

Siguiendo con este sábado, cuando llegamos a Olesa Carlos me avisa de que va a parar a coger agua en una fuente. Qué raro, pienso yo, si normalmente aún le debería de quedar casi todo el bidón lleno, que él suele beber poco. A ver si es que no va muy sobrado y aprovecha para descansar un poquillo, ¡jajajá!

Después del aprovisionamiento líquido seguimos camino hacia coger la piesta forestal que va hasta Can Grau, ahora ya metidos en el Parc del Garraf. Es un camino en ligera pero constante subida, con algunos tramos de más pendiente, y en el que cuesta un poco coger el ritmo después de haber hecho la larga bajada desde El Lledones hasta Olesa.

Con Carlos siempre por delante, y a un ritmo bastante bueno. Y aunque yo no iba sobrado precisamente, sí que me fijé que de pulsaciones iba muy bien, para nada altas. Supongo que los días de estática y las dos salidas rodadoras que he hecho últimamente (por el río, y por el Camí de les Aigües) han hecho su efecto, y empiezo a coger un poco de forma.

Una vez acabado el tramo de subida, y antes de empezar la corta bajada hacia Can Grau, iba yo lanzado por una zona llana cuando tengo que frenarme casi en seco porque veo que Carlos estaba parado al lado de lo que parece una especie de “miniermita”, de esas en las que dentro la gente pone alguna virgen en miniatura y cosas por el estilo.

Después de la parada de Olesa, ahora ésta. No puede ser que Carlos se pare tanto. Me dice que le ha llegado un mensaje al móvil, así que por supuesto hay que parar para ver qué es. Pero después de que me diga que no era nada importante, yo ya no sé qué pensar, y le comento si no se habrá parado porque iba hecho polvo intentando dejarme atrás, y se ha tenido que buscar una excusa para descansar un poco, ¡jajajajá! Ya que estamos parados aprovechamos para comer algo y hacer unas fotos.

Mmmmm... ¿mensaje telefónico?...

No veas si pasan aviones por allí

Pequeña panorámica de la zona


Seguimos adelante y llegamos a la carretera que va de Olivella a La Plana Novella. Me paro porque oigo unos golpes en el pedalier muy raros, y según estoy comprobando qué pasa Carlos se da cuenta de que era una piedra en el neumático que pegaba contra el triángulo trasero. Buff, menos mal.

Hacemos la bajada por Can Grau y llegamos A La Plana Novella. Carlos planteó que fuéramos hasta el monasterio budista, por aquello de hacer un poco más de ascensión, pero a mí no me convencía la idea. No sé porqué se me ocurre que en lugar de subir por la pista que lleva a Begues, y luego subir a La Desfeta, podíamos meternos por el camino que lleva a Vallgrassa, y de ahí coger la carretera que sube a la “bola del Garraf”. Sólo he ido allí una vez, hace por lo menos un año, precisamente con Carlos y su primo Jorge, cuando andábamos preparándonos para el Soplao (la primera mitad del año pasado todo era de preparación para el Soplao).

A Carlos le pareció buena idea, ya que luego podría volver por Castelldefels, Gavá, Viladecans, Sant Climent, etc, hasta su casa. Primer cambio de planes del día. Así que nos metimos en el camino y fuimos tirando (a ratos incluso me ponía yo delante...) hasta llegar a la Collada de Vallgrassa, donde el camino se cruza con la carretera que lleva a las antenas del Garraf.

Una vez allí, y sólo para que quedara grabado en el gps, crucé la carretera y me adentré unos metros en la continuación del camino que traíamos. Viendo que tenía buena pinta (pista forestal sin grandes pendientes, y que se perdía a lo lejos) llamo a Carlos y decidimos seguirlo a ver hasta dónde nos lleva. Siempre tendríamos la posibilidad de dar la vuelta si no nos convencía el terreno. Segundo cambio de planes del día.

Resultó que el camino (Camí de Can Planes) nos gustó, y en lugar de dar la vuelta seguimos adelante mientras yo no paraba de hacerle comentarios a Carlos, en plan cachondeo, sobre lo buena ruta que podía ser ésta para preparar Los Monegros, aunque yo no tuviera intención de hacer esa marcha.

Un camino de muy fácil rodaje


La pista seguía y seguía, y parecía no acabar nunca. De fondo teníamos el mar, y a lo lejos, entre las montañas, se veía más camino. Así que, aún pensando que podría ocurrir que tuviéramos que darnos la vuelta y pegarnos la paliza de rehacer el camino, nos estaba gustando tanto esa zona que no pudimos dejar de seguir avanzando. Yo, por si acaso, iba muy pendiente de cuántos kilómetros llevaba ya de ruta, para no llevarme una sorpresa cuando decidiera que ya era momento de volver a casa. En cualquier caso, de pulsaciones iba muy bien, y aunque de piernas pudiera acabar pagando el esfuerzo, lo que más me preocupaba de cara a la vuelta era como acabara teniendo de dolorido el culo, que empezaba a dar ya avisos.

Llegamos a un cruce de caminos donde nos detuvimos a repostar y pensar si seguíamos adelante o no. Según las indicaciones de un cartel que había allí, y tal y como nos estábamos imanginando, podíamos acabar volviendo a la urbanización de La Plana Novella. Así que decidimos que aquellos caminos podían esperar a otra ocasión, y que lo mejor era pensar ya en el camino de vuelta. Unas fotos, comer algo...

Otro día, hasta Sitges...


La primera parte del desvío que cogimos consistía en una bajada no demasiado larga ni con una pendiente muy grande, pero lo suficiente como para que hacerla de subida (en otra ocasión) pudiera llegar a ser costoso. Nos cruzamos con varios que subían no muy sobrados precisamente. Yo seguía con el cachondeo de Los Monegros, y le comentaba a Carlos que hacer ese tramo de subida podía ser un buen entrenamiento de cara a la marcha “monegrense”.

Después del tramo de bajada vino una zona con algo de llano y subida ligera, hasta que acabamos llegando a las inmediaciones de la urbanización, y casualmente, a uno de los caminos de entrada al monasterio budista. Mira por donde, al final Carlos se iba a salir con la suya.

Ya que estábamos allí “el cumpany” aprovecharía para comprar una botella de agua, que aunque aún le quedaba medio bidón, seguramente acabaría por hacerle falta. Yo tenía todavía suficiente isóstónico en el Camelback, y el bidón con agua aún no lo había empezado. Mientras él iba a comprar la botella yo aproveché para investigar un sendero que había por allí.

"Haciendo tiempo"


De vuelta le comento a Carlos que el sendero acaba saliendo a la urbanización, y que además parece haber un paraje curioso para visitar. Así que nos dirigimos hacia allí, y resultó que había un estanque, con un pequeño “escondrijo” de piedra realmente chulo.

Dentro del "empedrao"

¿Qué hace un palet allí en medio?


Después de hacer un poco de turismo salimos de la urbanización para volver a llegar (un par de horas después) al cruce de entrada en ésta, en el que hay que decidir si tiras hacia Begues o hacia Olivella. A mí me daba mucho palo volver a Olesa de Bonesvalls por Can Grau, aunque sólo hay que hacer un par de tramos de subida: uno, el de Can Grau, bastante duro, y otro, el principio de la pista hacia Olesa, cortito. Luego es todo bajada hasta allí.

De tal manera que decidí “acompañar” a Carlos hasta la base de la Desfeta, subiendo por la pista forestal que lleva a Begues. No es que fuera mejor opción que la otra, porque por aquí hay por lo menos media hora de subida constante, pero la verdad es que me apetecía más. Es una subida de esas que me gustan. Le dije que nos despidiéramos ya, y que él tirara a su ritmo, que así haría un entrenamiento más adecuado que si iba a mi ritmo. Pero no, no se marchó...

El principio de la subida se me hizo un poco más duro, pues hay una sucesión de repechos rompepiernas que no te dejan coger un ritmo. Luego la pista pasa a ser casi sólo de subida, con lo que poco a poco puedes marcarte un ritmo de pedaleo, que realmente es lo que necesitaba yo.

Carlos empezó marchándose bastante. Pero al cabo de un rato, cuando yo ya había cogido mi ritmo, y viendo que no lo tenía muy lejos, empecé a apretar un poco para ver si era capaz de cogerle. Tenía tres cosas a mi favor: una, que él llevaba una hora y pico, y veintitantos kilómetros de ruta más que yo. Otra, que él tenía pensado subir a La Desfeta y yo no, con lo que podía yo echar el resto en esa subida, pues luego tendría un tramo relativamente fácil hasta Olesa. Y la última, que al tenerle delante mío, me servía de referencia. En cambio él, era como si estuviera haciendo una cronoescalada.

Cuando llegamos a La Creu de Coll Fitó, punto de inflexión de la subida, casi lo había cogido. En cualquier caso, él aprovechó ese punto para darse la vuelta y esperarme, con lo que ya acabamos de hacer el resto del camino juntos. Fue una subida muy “interesante”, en la que nunca subí demasiado de pulsaciones, aunque las piernas tampoco las tenía para mayores alegrías.

Al llegar a la base de La Desfeta me dice Carlos que ha decidido no subirla, más que nada porque se le iba a hacer tarde, y tenía cosas que hacer después de comer. ¿Seguro que no iba ya cascado después de intentar mantener un ritmo alto para desembarazarse de mí? Mmmmmm...

Así que llegamos a la carretera de Begues y paramos para despedirnos, pues ahí él tiraría hacia un lado, y yo hacia el otro. Yo no iba muy sobrado, pero a él le debió de parecer que estaba mucho peor, porque me planteó la posibilidad de continuar juntos hasta su casa, para luego subirme en coche hasta Corbera. No era mala la idea, pues el camino ya era casi todo de bajada hasta Sant Boi, y luego por el río hasta su casa.

Pero a mí no me hacía gracia que luego tuviera que perder el tiempo en llevarme en coche hasta mi casa. Para eso que se quedara a subir a La Desfeta. La verdad es que me llegó a acojonar, ¡jajajá! Que si aún te queda una buena paliza. Que si el tramo hasta Olesa es jodidillo. Que si luego tienes que subir hasta El Lledoner. Que si vas medio "enrampao" (llegando a Coll Fitó tuve unos amagos). Que si te vas a tener que parar por ahí para que te vaya a buscar. ¡Jajajajá! Que si no me importa llevarte a casa...

Nada, que me vuelvo por donde tenía pensado. Cueste lo que cueste. Seguro que llego. (Mira que si luego me tengo que comer mis palabras...). Me tomé un gel de frutas, un recuperador que me dió Carlos, estiré un poco, y nos despedimos deseándonos una buena vuelta a casa.

Empecé el tramo de carretera hacia Olesa pensando en si aguantaría bien el dolor que tenía ya instalado en mi culo. No lo tenía muy claro. Pero había que probar, que últimamente he perdido ese instinto de sacrificio que tenía el año pasado. Al poco rato me paré en una gasolinera para cambiarme el buff de la cabeza y el del cuello, que el cielo estaba muy cubierto y por esa zona pega mucho el aire, y ya que llevaba de repuesto, mejor ir con la cabeza y el cuello secos que mojados. Por lo menos de eso no tendría que preocuparme.

Ya continúo mi camino hacia Olesa, aprovechando que el trayecto es de ligerísima bajada (tal y como yo lo recordaba) para poner el plato y conseguir mantener una velocidad bastante buena. Algún repechillo que se pasa casi por inercia, y cuando me quise dar cuenta ya estaba en Olesa de Bonesvalls. Bueno, ya queda menos, aunque ahora tocará hacer unos pocos kilómetros de subida.

Lo peor del tramo hasta El Lledoner no es la subida en sí, de poca pendiente, sino que el camino está muy “empedrado”, y cuando ya llevas el culo dolorido no es muy agradable que digamos. A un ritmo relajado, para no acabar por castigar demasiado las piernas, y levantándome en algunos momentos, y buscando una posición cómoda en el asiento en otros, tenía claro que llegaría sin mayores problemas.

A media subida me paré a hacer unas fotos de un riconcillo que había visto horas antes, cuando habíamos bajado al inicio de la ruta, y que como han estado “limpiando” el camino ahora ha quedado al descubierto. Es una roca recubierta de vegetación, de tal manera que realmente parece un árbol.

Realmente curioso, es una roca y no un árbol

Cómo no voy a salir yo en la foto...


Después de la paradita, que también me sirvió para descansar un poco, continué hasta El Lledoner, a donde llegué en pocos minutos. Ya tenía hecho lo peor del camino de vuelta. Ni rastro de rampas en las piernas, ni éstas sobrecargadas, y aguantando bastante bien el dolor en las posaderas, que como iba cambiando de posición y alternando ratos de pie, lo estaba aguantando muy bien.

Ahora tocaba bajar un par de kilómetros por carretera hasta coger el camino de montaña por el Fondo de Can Dispanya hacia Sant Ponç, camino casi totalmente de bajada. Una vez vi el monasterio ya tenía claro que llegaría bien a casa.

Ya casi he llegado


Sólo quedaba ya rodar unos pocos kilómetros por carretera, con algunos repechos intercalados, y llegar a casa, donde aún me subí diez minutos en la estática para estirar un poco las piernas antes de hacer los estiramientos.

Finalmente me salió una ruta de casi 80 kilómetros, con algo más de 1500 metros de ascensión acumulada, en 5 horas y poco de pedaleo, para un total de poco más de 6 horas de salida.

No ha estado nada mal la ruta

Es lo bueno de hacer salidas largas, que abarcas una zona muy amplia


Muy contento con la ruta. He hecho una salida ya un poco larga, a un ritmo bastante bueno, y sin subir mucho de pulsaciones. Aunque los tendones de ambas rodillas me han ido molestando en condiciones normales de pedaleo, sobretodo en las dos o tres primeras horas, luego parece que se han calentado y me han dejado de molestar, salvo en momentos puntuales.

Hemos “descubierto” caminos nuevos, de pista forestal, y hemos visto que hay muchos otros por descubrir. Muy adecuados para hacer kilómetros de rodaje sin excesivos desniveles, o por lo menos sin rampas exageradas. Hay que volver por allí.

Y el ir acompañado de Carlos siempre me hace exigirme un poco más, y también intentar algún piquecillo en algunos momentos, que siempre va bien para mantener un poco de tensión en el pedaleo. A parte de las risas y las tonterías típicas de siempre, ¡jajajajá!

Bueno, ya veremos que hago en la próxima salida...


Bruno

jueves, 24 de febrero de 2011

RODANDO POR LES AIGÜES


Ayer miércoles tocaba bici. Me volvía a apetecer pedalear en llano (que nooo, que no estoy preparando Los Monegros...), así que después de trabajar me preparé y me fui al Camí de les Aigües, en Barcelona. Claro, hasta casi las cuatro de la tarde no conseguí estar subido en la bici. Pero bueno, la idea era dar dos o tres vueltas al tramo que yo conozco, que hace 10 kilómetros de largo, con lo que me acabarían saliendo 40 ó 60 kilómetros, que no estarían nada mal.

El cielo se había medio tapado, y hacía un poco de aire, pero no se llegaba a estar mal. Eso sí, habría preferido un día más “bonito”.
El camino es entretenido, con Barcelona siempre de fondo, y cruzándote con todo tipo de gente: ciclistas, corredores, paseantes... De tal manera que, aunque pueda parecer un poco aburrido dar dos o tres vueltas al mismo circuito, realmente no lo es. Al menos para mí.

A un ritmo ligero, intentando mantener más o menos constantes las pulsaciones, fui haciendo kilómetros. Primer “largo”, 10 kilómetros, media hora. Segundo “largo”, otros diez kilómetros (sólo faltaría), otra media hora. Bueno, a ese ritmo podría dar tres vueltas en tres horas, y marcharme de allí a eso de las siete de la tarde, que no estaría mal, aunque un poco justo para volver a casa, ducharme, cenar, e intentar irme a dormir a una hora prudencial. Según me viera en la segunda vuelta decidiría, que también podía hacer dos vueltas y media, o sólo dos.

Típica foto de relleno


Empecé la segunda vuelta pensando que porqué no, podía dar las tres vueltas aunque llegara más tarde a casa, que como la noche anterior había dormido bien (ayer llegué dos horas tarde al trabajo...) no me importaría acostarme un poco más tarde de lo previsto (ahora que no me pego la siesta tengo que ser un poco más estricto a la hora de acostarme). Además, ganas de hacer los 60 kilómetros tenía. Pero no, acabé haciendo sólo 40.

Podría decir que fue porque estaba oscureciendo (en un buen tramo del recorrido ya no se veía el sol, que estaba escondiéndose). Podría decir que fue porque entre el aire algo frío que hacía y los nubarrones negros que se estaban instalando encima del camino, ya no me sentía a gusto. Podría decir que fue porque al final decidí que no valía la pena llegar una hora más tarde a casa. Y también podría decir que fue porque me empezaba a notar cargados los isquiotibiales de la pierna derecha (la que se me enrampa)...

Pero no. Si finalmente decidí dar sólo dos vueltas y marcharme ya para casa, no fue por ninguna de esas razones. Fue porque tenía el culo totalmente escocido y ya no sabía cómo sentarme. Ayyyyyyy, este sillín... que nos trae por el camino de la amargura, ¡eh cumpany!

Pues nada, que no pude más, y acabé haciendo sólo 40 kilómetros, en un par de horas. Bueno, tampoco está mal como rodaje entre semana.

Total, de momento la semana está siendo bastante completita. Después de la “paliza”del lunes (es que acabé bastante cascado), el martes hice una hora de estática para estirar las piernas, y una hora de “musculación” (por decir algo) de los brazos, que no todo va a ser piernas, piernas, piernas...

Ayer hice los cuarenta kilómetros con la bici, y hoy he vuelto a hacer una hora de musculación y otra de estática (a ritmo de paseo, eso sí). Así que nada, de momento mi cambio de rutina está siendo satisfactorio. Aprovecho la tarde, hago ejercicio, y me voy a dormir pronto, que las horas de sueño también se notan. A ver lo que dura esto...


Bruno

lunes, 21 de febrero de 2011

7 KILÓMETROS


La semana pasada decidí empezar una “rutina” consistente en llegar de trabajar y, en vez de comer y pegarme la consecuente siesta (qué malo es el turno de mañanas en el trabajo), hacer ejercicio del tipo que sea (estática, bici, caminar, correr, o gimnasia), y una vez acabado, comer.

Con esto busco varias cosas: una, aprovechar mejor la tarde y conseguir acostarme más pronto, que cuando trabajo de mañanas siempre voy falto de sueño. Otra, hacer ejercicio con luz solar (y poder acostarme antes también), que si como y me pego la siesta es imposible. Y otra, quemar algo de grasa al hacer ejercicio sin haberme pegado la comilona previa. Parece más lógico comer después de haber hecho ejercicio, que comer sin haberlo hecho.

En cualquier caso no lo hago con el estómago vacío, que me da algo. Siempre como algo de fruta volviendo del trabajo, o pico algo antes de ponerme con el ejercicio. Después de ejercitarme intento comer bien, y equilibrado: ensalada de primero, plato básicamente de hidratos de segundo, proteínas de tercero... y un postrecillo puede que caiga también.

Eso fue lo que hice la semana pasada (menos el lunes, que habiendo salido en bici el sábado, y a correr el domingo, era imperativo descansar), llegar del trabajo y subirme a la estática para hacer por lo menos una hora cada día. ¡Algún día casi me duermo, jajajá!

La idea es tomarme el domingo de descanso, y empezar la rutina los lunes. Así, hoy he llegado de trabajar, y con un plátano y unas avellanas en el estómago me he ido a correr un rato a la montaña.
El circuitillo que he hecho las otras veces.

Esta vez he empezado por caminar durante un kilómetro mientras investigaba unos senderos, y así he podido hacer un poco de calentamiento articular y muscular previo.

Luego ya me he metido en el “circuito”, con la intención de hacer esos 5 kilómetros que hice el domingo pasado. Eso, siempre y cuando el cuerpo me lo permitiera. He empezado a un ritmo suave, y enseguida he visto que me encontraba muy bien aeróbicamente hablando (vaya terminología...). Lástima que me he olvidado el pulsómetro. (La cámara me la he dejado adrede).

He ido haciendo el circuito, físicamente más sobrado que en anteriores ocasiones (no sé si habrá tenido algo que ver la salida en bici del sábado), y sólo he tenido que caminar un par de veces no previstas para superar una zona que estaba muy embarrada (a parte de la bajada que siempre hago andando para no forzar las rodillas).

Como he ido aguantando bien el ritmo, y no me dolía nada (alguna pequeñísima molestia sólo), he decidido que al acabar el circuitillo daría la vuelta y reharía un tramo de éste para intentar llegar por lo menos a los seis kilómetros.

Claro, una vez que te pones es difícil retenerte, y viendo que iba bien he querido llegar a los siete. Así que he seguido un poco más de lo previsto, lo justo para acabar con, ahora ya sí, un ligero dolorcillo en el exterior de la rodilla derecha, y en el exterior del tobillo izquierdo (antiguo esguince).

En fin, que he arriesgado demasiado, pero parece que he conseguido que el dolor no fuera a más. He acabado contento por haber hecho siete kilómetros, y para estirar las piernas aún me he cascado dos kilómetros más, eso sí, andando.

Total, he acabado haciendo 10 kilómetros. 3 andando y 7 corriendo. No me lo esperaba, y no lo tenía así planeado. Pero es que nunca hago las cosas tal y como las pienso en un principio.

Para mañana el plan era salir en bici, pero supongo que lo que haré será salir a caminar, que ahora mismo tengo las piernas bastante cargadas, y seguramente me vaya bien una ligera caminata para recuperarlas. Quizá coja la bici el miércoles. Ya veremos.


Bruno